Puede que no sea el personaje principal. La llamamos «Parábola del hijo pródigo» y adjudicamos el papel protagonista al hijo menor. El hijo mayor, como el padre, queda como un personaje secundario. Pero yo le daría el Óscar al mejor personaje secundario. Se podría hacer un spin-off sobre su vida.
En tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.
Nunca abandonó la casa de su padre, pero… ¡no tenía corazón! Tenía una piedra dentro del pecho. Si hubiese tenido corazón, las palabras de su padre le habrían conmovido: Tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. ¿Cómo es posible que no albergase ni un ápice de gratitud?
Medita tú esas palabras y, si tienes corazón, te conmoverán. Porque quizá fuiste una vez el hijo pródigo, pero ya no lo eres. Hace tiempo que vives con Dios. No te endurezcas, deja que su misericordia te conmueva cada día… y te llenarás de amor por ese hermano que se fue.
(TC02S)











