Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

agosto 2025 – Página 5 – Espiritualidad digital

Sinónimos de tonto

Imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe… Hay muchos más sinónimos de tonto, pero por escrito nunca digo palabrotas.

Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado? Que te llame tonto el cuñado tiene un pase, porque puede ser fruto de un enfado o puede que el tonto sea él. Pero que te llame necio Dios es terrible, yo que tú me lo haría mirar.

A ver… Desde niño sabes que vas a morir. Has visto morir gente a tu alrededor. Y no has tenido mejor ocurrencia que echarles la culpa: «Es que no hacía deporte; es que estaba muy gordo; es que no se cuidaba; es que vivía al límite»… ¡Eso! Encima de que han muerto, dales caña. Con tal de salvarte a ti, claro.

Porque tú no te vas a morir, ¿verdad? Acumulas bienes y haces tus cálculos como si fueras a vivir opíparamente doscientos años… ¡Y vas a morir esta noche!

Imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe…

Si fueras listo, éstos serían tus cálculos: «Puesto que puedo morir en cualquier momento, trataré de vivir siempre en gracia de Dios».

(TOC18)

¡Qué poca imaginación!

¡Qué distinta hubiera podido ser la historia! Imaginad que Herodes, al escuchar la predicación de Juan, hubiera recapacitado sobre su unión ilegítima con Herodías. Imaginad que hubiese hablado con ella y que hubiese recapacitado también. Imaginad que ambos, junto con Salomé, se hubieran dejado bautizar por Juan y hubieran emprendido una vida nueva como discípulos de Cristo, a quien Juan anunciaba. Bueno, no imaginéis más, que os va a explotar el cerebro. Además, no hace falta. De haber sucedido eso, los tres se habrían salvado, quizá fueran santos. Porque a esa santidad, y a la vida eterna, lleva el camino de Cristo.

Si la imaginación obrara el milagro… pero no lo obra. El milagro lo obra Dios con el permiso del hombre. Y Herodes no se lo dio. Prefirió tomar el camino del pecado, que es como una pendiente inclinada hacia abajo que acaba en el abismo. Mientras desciendes, te gusta el vértigo. Hasta que te estrellas, y lo pierdes todo. De la lujuria pasó a la ebriedad. Y de allí al homicidio. Años más tarde, tuvo delante a Jesús y, en lugar de arrepentirse, lo ultrajó. Como cuando el moribundo expulsa al sacerdote de la habitación.

¡Qué poca imaginación!

(TOI17S)

El martirio conyugal

En ocasiones, los sacerdotes tenemos que sufrir a maridos celosos. No me interpretéis mal, que también encontramos mujeres celosas. No están celosos de nosotros, sino de Dios. Pero ¿con quién van a emprenderla? Con el cura, naturalmente.

«Antes de que mi esposa se convirtiera, yo era dios para ella. Ahora tiene otro dios». Me lo dijo un marido celoso, casi me sacude. Quiso el Señor que, al poco tiempo, también él se convirtiera.

Pero no siempre es así. En ocasiones, hay personas casadas que, al convertirse, tienen que sufrir la ira de sus cónyuges mucho más de lo que la sufre el sacerdote. Es un martirio conyugal que, si se sobrelleva con paciencia, puede redimir al cónyuge airado. El marido de quien hablé en el párrafo anterior costó muchas noches de vigilia y oración a su esposa.

Solo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta. Es una paradoja terrible. Quien abre sus brazos para acoger y salvar a los hombres sirve a muchos, sin embargo, de piedra de escándalo. Os sucederá también a vosotros, casados y no casados. Unos serán salvados por vuestro ejemplo; otros, por vuestra paciencia. Y todos, si Dios quiere, por vuestra oración.

(TOI17V)

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