El sábado es el día en que la luz se apaga. Dios descansó con la luz apagada.
Y pareció que reinaban las tinieblas.
Trajeron la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Sus discípulos recogieron el cadáver, lo enterraron, y fueron a contárselo a Jesús.
Pero Jesús, el sábado, yace muerto en un sepulcro nuevo.
Y pareció que reinaban las tinieblas.
Caifás ha matado a Dios. Herodes ha matado a Juan. El príncipe de este mundo lo ha cubierto todo de muerte. La mentira, la violencia y la corrupción campan a sus anchas por el mundo.
Y pareció que reinaban las tinieblas.
No hay que huir de esas tinieblas. Qué misterioso descanso, qué noche tan enigmática. Cuando se cierran los ojos del cuerpo, se abren los del alma, la fe. Y la fe nos muestra que hoy es el día en que Cristo, enterrado en un sepulcro nuevo, conquista las tinieblas y clava su bandera en el reino de la muerte. Se lo ha arrebatado a Satanás.
Abraza esas tinieblas, escucha ese silencio, adéntrate en esas sombras y encontrarás al Amor.
Mañana será domingo. Y entonces lo entenderás todo.
(TOP17S)











