Recogidos y recogedores
La tercera acepción del verbo «desparramar» en el diccionario de la RAE es «disipar la hacienda, malbaratarla, malgastarla». La quinta es «distraerse, divertirse desordenadamente». Por eso, cuando uno hace disparates, decimos que «desparrama». Pero también nos viene bien la tercera acepción.
Antes de padecer, Jesús dijo: Cuando sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia mí (Jn 12, 32). Y hoy nos dice: El que no recoge conmigo desparrama.
Desde lo alto de la Cruz, Cristo quiere atraerlo todo. Y nosotros, atraídos dulcemente por Él, se lo llevamos. Primero le llevamos lo nuestro: nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestro entendimiento, nuestra voluntad, nuestra memoria, nuestros afectos… Queremos vivir recogidos y como sumergidos en Él, porque sólo en Él encontramos paz. Y queremos, también, llevarle muchas almas, almas de personas que no lo conocen, y las de otros que lo conocen, pero se mantienen a distancia de su Amor. Quisiéramos recoger todo cuanto encontremos y llevarlo a su Cruz. Porque no nos basta con vivir recogidos. Queremos ser, también, recogedores. Hasta los pecados se los llevamos, para que sean redimidos con su sangre.
Por eso, quien no vive recogido y no dedica la vida a recoger malbarata su vida y disparata.
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