El hombre de los tres milagros

En sentido estricto, «milagro» es la irrupción del poder de Dios en las leyes de la Naturaleza. Y, en ese sentido, el único milagro que aparece en el evangelio de hoy es el de unas piernas paralizadas que comienzan a moverse por intervención divina.

Pero a menudo, cuando decimos «milagro» nos referimos a hechos sorprendentes, extraordinarios. En ese sentido, el pasaje evangélico contiene tres milagros.

El primero es el del paralítico alpinista, primo segundo de Spiderman. Abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Es el milagro de la amistad. Un paralítico con buenos amigos es capaz de escalar paredes y colarse por los techos. Bendito milagro. Que nos conceda Dios buenos amigos, y que nos dejemos ayudar.

El segundo milagro es, como dije, la curación: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. No es algo frecuente, pero en ocasiones nos lo concede Dios.

El tercer milagro, el más grande de ellos, es el perdón: Hijo, tus pecados te son perdonados. Y ése lo obra Dios cada día en el confesonario. Confesad con frecuencia. Porque quien tiene el alma en gracia, aunque se quede sin amigos y esté comido por la enfermedad, tiene vida eterna.

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