Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 5 – Espiritualidad digital

Besa tu cruz

besoDesde mi confesonario te he visto besar la cruz que hay a la entrada del templo. Te lo he visto hacer muchas veces. La besas porque es la Cruz de Cristo. Hoy quiero invitarte a besar la tuya.

Sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? Interpretar el tiempo presente es entender el lenguaje de Dios. Y darte cuenta de que, en esa contrariedad, en ese sufrimiento que a veces te ahoga por dentro, en esa circunstancia que te cuesta aceptar, hay una palabra del Señor. Si Él permite esa cruz, es porque en ella hay un crucifijo. Búscalo, escúchalo, bésalo. Reconcíliate con tu vida. Besa tu cruz. O, mejor, besa al crucifijo que hay en ella.

Mientras vas con tu adversario al magistrado, haz lo posible en el camino por llegar a un acuerdo con él. Aunque suene duro, es la verdad. Por mucho que beses la cruz del templo, mientras no beses la tuya estás en guerra con Cristo. Porque en ella está Él crucificado, mientras tú reniegas. Acepta ese sufrimiento, deja que Jesús lo sufra a tu lado, y entonces se convertirá en Amor. Besa tu cruz.

(TOI29V)

A los que «les cansa» Dios

Permite que te copie un par de citas: Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación (Sal 67, 20); Él tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades (Is 53, 4).

Te recuerdo esas citas –podría añadir muchas más– porque me llama la atención el modo en que, para muchos, el cristianismo es una carga. Se trata de una terrible contradicción: Viene Dios a la tierra a aliviar nuestras cargas, y lo vemos como un Dios que nos echa encima un fardo. Viene a tomar nuestras cruces sobre sus hombros, y decimos que nos envía cruces. Es un insulto a su bondad.

«Con todo lo que tengo que hacer, ahora el sacerdote me pide que dedique media hora a la oración». «Con lo cansado que estoy, no puedo pasar el domingo tranquilo en casa porque hay que ir a misa». «¡Que hable de Dios a los amigos! Ni de broma, se reirán de mí»… Así se «razona» cuando se ve el cristianismo como carga.

He venido a prender fuego a la tierra. Cuando el cristianismo es lo que debe ser, fuego que abrasa, pasión de enamorado, la oración descansa, la Misa alimenta, y hablar de Dios no es virtud, sino necesidad.

(TOI29J)

A la hora que menos penséis…

La advertencia no puede dejar indiferente a nadie, salvo a quien decida no creerla. Pero para ése está reservada la peor parte, la de quienes no estarán preparados:

A la hora que menos penséis viene el Hijo de hombre.

(Una broma seria: La hora que menos pensemos es la presente. Ya nadie piensa. Funcionamos –nos hacen funcionar– a golpe de sentimiento, los cerebros de Occidente han sido desactivados y sustituidos por pantallas. ¡Ay de nosotros!)

Decía que esa advertencia no deja a nadie indiferente. Para unos es la mejor noticia; a otros les produce miedo.

Bienaventurado aquel criado a quien su señor, al llegar, lo encuentre portándose así. Para el buen administrador, la llegada del Amo es una magnífica noticia, porque lo pondrá al frente de todos sus bienes. Pero al administrador disoluto la llegada del Amo le produce pánico, porque lo castigará con rigor, y le hará compartir la suerte de los que no son fieles.

¿Y tú? ¿Cómo reaccionarías? Si vieras abrirse el cielo y a Jesús volver sobre las nubes mientras tu casa se cae a pedazos, tu coche se despeña por un barranco y tu smartphone explota en la mesilla de noche, ¿te alegrarías o temblarías?

(TOI29X)

Espéralo en casa

libertadLo tengo calculado: sólo uno de cada cinco repartidores llega a entregar el paquete cuando estoy en casa. Los otros cuatro llegan cuando no estoy. O te quedas en casa todo el día cuando sabes que te van a traer un paquete, o tienes un problema. Porque el repartidor no espera. Tienes que abrirle apenas venga y llame.

Estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Pero Jesús no es un repartidor. Me quedaría encerrado en mi alma, sin salir de ella, hasta que Él llame. Porque si salgo y me disperso por las mil cosas que tiran de mí hacia fuera constantemente, cuando Él llegue a mi puerta no va a llamarme al móvil ni dejará su Espíritu a un vecino para que me lo entregue. Mira, estoy de pie a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo (Ap 3, 20).

Recógete, no salgas del alma, no dejes la oración. Espera al Señor, escucha su llamada. Cuando entre y lo llene todo, verás que ha valido la pena la espera.

(TOI29M)

Necio y pobre

Al protagonista de la parábola lo adorna Jesús con dos adjetivos: rico y necio. Rico para el mundo, necio para Dios. También podríamos darle la vuelta, y acertaríamos: pobre ante Dios, prudente para el mundo.

Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos. En efecto, ante el mundo, este hombre es rico y prudente. Tiene abundancia de bienes y hace sus planes para disfrutarlos en vida. Pero la verdad sólo se ve desde el cielo. Y desde el cielo le dice Dios:

Necio, esta noche te van a reclamar el alma.

Eres necio porque haces cálculos sobre una vida que no es tuya. Serías sabio si elevaras los ojos al cielo y dijeras, como santa Teresa: «Vuestra soy, para Vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?». Mis bienes son tuyos, mis años son tuyos, dispón de ellos como quieras.

Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios. Eres pobre porque no tienes más que cosas, y las cosas no son nada. Serías realmente rico si dijeras, con san Pablo: Todo lo doy por perdido y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo (Flp 3, 8).

(TOI29L)

El abandono en Dios y el temblor de piernas

«Padre, no confío en Dios, no me abandono en sus manos. Porque, si realmente confiara en Dios y me abandonara en sus manos, no estaría muerto de miedo por esta enfermedad de mi hijo o por estas estrecheces económicas o por…» poned lo que queráis.

Mucha gente piensa que confiar en Dios significa no temblar ante el peligro. Y, claro, como son humanos y los humanos temblamos cuando nos sentimos amenazados, creen que ese temblor es un pecado, una falta de confianza en el Señor. Creen que el santo abandono consiste en dormir a pierna suelta la noche antes de que te confirmen si un ser querido padece una enfermedad mortal. «No he podido dormir en toda la noche, voy a confesarme». ¿De qué, de ser humano? ¡Si el propio Jesús tembló en Getsemaní!

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Pero no tener miedo no significa no preocuparse o no temblar. Abandonarse en Dios significa que, mientras el cuerpo tiembla, el alma, en lo profundo, dice: «Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío». Y esa noche sin dormir no es una noche en blanco, sino una noche de oración.

(TOI28V)

El fracaso de la predicación

Era uno de esos días en que el pueblo entero acude a la iglesia. Una ocasión única –me dijo alguien– para que te escuchen los que no vienen a misa. Y estaba claro que escuchaban. A su manera. Porque dije: «Un cristiano no es “el que va a misa”. Un cristiano es el que se ha enamorado de Jesucristo, y por eso va a misa y la disfruta». Al terminar la ceremonia, se me acercó uno de ésos a quienes nunca veo en la iglesia: «¡Qué bien ha hablado, padre! Qué razón tiene, no es necesario ir a misa para ser cristiano». No sabía si partirme de risa o echarme a llorar.

A esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas derramada desde la creación del mundo. Los profetas hablaron y hablaron y hablaron. Y fracasaron. Y los mataron. Fue su sangre, no su palabra, la que, unida a la de Cristo, redimió al pueblo.

Si todavía queda alguien que crea que el mundo se transforma con palabras bonitas o ardientes, peor para él. El mundo lo redime la sangre, la entrega de la vida de quien habla y fracasa y es perseguido. La Cruz.

(TOI28J)

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