Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

«Mira a la estrella, invoca a María»

guapísimaEn 1927, Stefan Zweig escribió «Momentos estelares de la Historia de la Humanidad». Allí recogió varios acontecimientos que, según el autor, cambiaron el curso de la Historia: la derrota de Napoleón, la caída del Imperio Romano, la llegada de Lenin a Rusia, etc.

Pero quien tiene fe sabe que los momentos que realmente han cambiado la Historia han sucedido en secreto. Son intervenciones silenciosas de Dios que convirtieron la Historia, a secas, en Historia de salvación. Nadie presenció el diálogo entre Gabriel y María. Nadie vio cómo el Verbo se hacía carne en las entrañas de la Virgen. Nadie vio resucitar a Cristo. Y nadie vio cómo, tras miles de años marcados por la maldición del pecado, una criatura, María, era liberada de esa maldición y concebida inmaculada. Eso cambió la Historia de la Humanidad.

Se vieron los efectos. Se supo que algo nuevo comenzaba, algo que estaba libre de la decrepitud de lo antiguo. La devoción mariana comienza cuando Joaquín y Ana ven resplandores de cielo en los ojos de su hija. Nunca habían visto nada igual.

Es un verdadero momento estelar, porque, según nos dice san Bernardo, ella es la estrella: «Mira a la estrella, invoca a María».

(0812)

“Misterios de Navidad

La dulce entrega

Te has propuesto levantarte a tu hora cada mañana, sin concederle al sueño ni un segundo de prórroga, y quieres ofrecer al Señor ese sacrificio… Bueno, la verdad es que te lo has propuesto hace seis meses, y apenas lo has cumplido un par de días. Pero te lo sigues proponiendo, aunque aún cuentes las batallas por fracasos.

Quizá deberías rezar más, rezar mejor, enamorarte. Hoy celebramos la presentación de María en el templo. No es un propósito para vencer a la pereza, es mucho más. Es un acto de entrega total, por el que se consagra en cuerpo y alma a Dios de por vida. Tampoco es la ocurrencia de una persona bienintencionada. Es la respuesta enamorada de quien ha conocido el Amor de Dios por ella y, sintiéndose dulcemente cautiva de ese Amor, ha entendido que no puede entregarle menos. Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Tu entrega debe comenzar, no en un frío propósito que nunca acabas de cumplir, sino en un conocimiento profundo del Amor de Cristo por ti. En otras palabras: No te empeñes en darle a Dios tu vida; deja que Él te la robe. Enamórate.

(2111)

Feministas del Pilar

Ahora lo llaman feminismo. Y lo venden como una conquista de la modernidad. Pero la Biblia, desde siempre, ha exaltado la dignidad de la mujer como nadie lo ha hecho. Admito que los cristianos, a lo largo de la Historia, no hemos estado a la altura. A la mujer se la ha postergado y despreciado, se la ha considerado como inferior al hombre en muchas épocas y culturas a las que se llamó «cristianas». Pero aquello fue una traición, culpable o inconsciente, a las verdades reveladas.

Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

Miradla sobre el pilar. Está sobre el pilar y es pilar. Porque la mujer ha sido siempre el pilar de la Humanidad. Por eso el Demonio, desde Eva hasta la mujer perseguida por el dragón del Apocalipsis, pasando por nuestros días, ha acechado siempre a la mujer. Él sabe que, si cae el hombre, la mujer lo levantará. Pero, si cae la mujer, el hombre caerá tras ella. Si en una familia cae el padre, la madre lo pone en pie. Pero si la madre cae, la familia entera cae con ella. Así nos va.

¿Somos feministas? ¡Claro! De los del Pilar.

(1210)

El camino hacia el Camino

Busca las vidas de los santos. Léelas todas, si quieres, y dime si existe un solo santo en el santoral que no haya amado tiernamente a la Virgen. No lo encontrarás, te lo aseguro. Porque ella es la reina de los santos, y el más dulce camino hacia el Camino.

He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Con esta expresión nos iluminó la senda hacia la santidad. Porque Cristo es la Palabra, y esa Palabra es nuevamente gestada en el alma del cristiano por la contemplación de los misterios de su vida.

Él es también el Camino. Y, por eso, en el Rosario la Virgen es camino hacia el Camino. Cada vez que, mientras desgranas las cuentas y rezas las avemarías, vas contemplando los misterios, de la mano de María te vas sumergiendo en Cristo y Cristo, alumbrado por ella, se va sumergiendo en ti. Y poco a poco, rosario a rosario, la Palabra se va haciendo verdad en tu corazón y en tu vida.

No dejes de rezarlo. Rézalo cada día. Y mantén, mientras lo rezas, la mente en el misterio. Deja que la Virgen vuelva a dar a luz a Cristo en ti.

(0710)

Los dolores de una madre

Una hora antes de escribir estas líneas he estado rezando, junto a una madre desconsolada, ante el cadáver de su pequeña hija que no tuvo tiempo ni de nacer. Apenas puedes hablar en momentos así. Sólo orar, callar y sufrir con ella. Porque es algo que no debería suceder. Una madre no debería tener que enterrar a su hija, somos los hijos quienes enterramos a los padres. Y si eso ya es doloroso, el entierro de una hija es terriblemente desgarrador. Aun así, le he dicho que realmente ha dado a luz a su pequeña. La ha dado a luz para el cielo, y desde allí ella cuidará de su madre.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. He ahí la espada que Simeón profetizó que atravesaría el corazón de María. La misma que atravesaba esta mañana el corazón de la madre con quien recé. La misma que atraviesa el corazón de tantas madres que lloran por la muerte del alma de sus hijos apartados de Dios.

Pero los dolores de una madre son siempre de parto. El dolor de una madre nunca se pierde.

(1509)

Una rama verde en un árbol seco

Los árboles genealógicos van de arriba abajo (como el que nos ofrece hoy san Mateo), o de abajo arriba (como el de san Lucas), pero siempre en vertical. Por eso es curioso el quiebro que san Mateo realiza en la última parte:

José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

De repente, en el descenso a través de ese árbol, se injerta una rama que altera el orden de la semilla del varón y da fruto por sí misma. Esa rama se llama María. Fue injertada en el árbol por el propio Dios, y su fruto, el fruto de su vientre, es Jesús.

Hay más peculiaridades. Mientras el injerto natural es vivificado por el árbol, este injerto divino está llamado a vivificar y purificar un árbol manchado por el pecado.

José, hijo de David, no temas acoger a María. Se lo dice el ángel a José. Pero, a través del ángel, Dios le está diciendo al árbol: No temas acoger esta rama inmaculada, porque su fruto te sanará.

Y nos lo dice también a nosotros. Acoge a María, porque la devoción a la Virgen purifica el corazón y limpia la vida. Ella te traerá a Cristo.

(0809)

De esclavos y reyes

consorteSorprende que, en el día en que veneramos a la santísima Virgen como reina, la sagrada liturgia nos presente un pasaje en el que ella se llama a sí misma esclava:

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Hace más de treinta años escogí esa frase como lema de mi ordenación sacerdotal y mi primera misa. Y no puedo estar más satisfecho de ello. La Virgen me ha protegido mucho. Pero es cierto que los reyes tienen súbditos, mientras los esclavos tienen amos. ¿En qué quedamos? ¿Reina o esclava?

Reina por ser esclava. Y esclava por Amor. Dulce esclavitud, en la que el corazón se rinde a la ternura de Dios y se entrega por completo. Y se postran el entendimiento y la voluntad ante la grandeza del Bien supremo. Se encuentra entonces, como perla escondida, la verdadera humildad, que no viene del desprecio de uno mismo, sino del hallazgo gozoso de esa grandeza que te hace sentir la más pequeña y agraciada de las criaturas.

Entonces, viéndola así por Amor postrada, Dios mismo la ensalzó y convirtió a la esclava en reina. Reina de cielos y tierra. Tierra donde, paradojas, tantos reyes son esclavos.

(2208)

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