Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Fiestas de la Virgen – Espiritualidad digital

Las bodas del Cordero

Llamamos a esta fiesta, también, «la candelaria». Porque los fieles entran en el templo portando candelas encendidas en las manos. Y esa entrada nos recuerda a la parábola de las vírgenes prudentes, que entraron al banquete junto al esposo con las velas encendidas.

Porque esta fiesta de la Presentación del Señor es, también, fiesta de bodas, misterio esponsal.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley

¿Ves cómo entra el Señor en su templo? Igual que el esposo, tras la boda, entra en el santuario de la esposa y lo fecunda, alumbrando en su seno una vida nueva, así entra Cristo en el tabernáculo, fecundándolo con el sacrificio de dos tórtolas que anuncian la próxima efusión de la sangre del Cordero.

Tú eres el templo. Tú eres la esposa. Y Cristo entra en ti, en lo profundo de tu alma, por la efusión de su gracia, anunciada en la sangre y el agua manadas de su costado. Esa sangre y esa agua, esa gracia divina, te fecunda y te santifica, te hace partícipe de la vida divina y te convierte en hijo de Dios.

Es tu boda la que celebramos.

(0202)

El Niño Jesús que yo quiero

No lo venden en las tiendas, ni está en las galerías del arte, pero yo quisiera un Niño Jesús con moquitos. Cuando lo digo no me toman en serio, pero va en serio. Y una Virgen que le limpie los moquitos, y que sería la primera Verónica. Lágrimas ante Jerusalén, sangre en la Cruz, moquitos en el pesebre. No hay tanta diferencia, es un rostro que destila humanidad.

Porque Aristóteles pensó en un Dios omnipotente y creador de todo a quien no le importamos un pimiento. Ese Dios no viene con moquitos, ni necesita quien se los limpie. Ese Dios tampoco llora ni sangra.

Pero la Virgen tuvo en brazos a un Dios con moquitos. Y su inmaculado corazón se estremeció en un vértigo de asombro ante la fragilidad del Altísimo convertido en bebé.

Los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. ¿Qué hacía la Virgen? Lo que hace cualquier madre con su bebé: arroparlo, protegerlo, limpiarlo. Y, a su tiempo, cambiarle los pañales a Dios.

¿No es para morir de gozo y de asombro el modo en que un Dios amante se ha puesto en nuestras manos?

(0101)

“Misterios de Navidad

«Mira a la estrella, invoca a María»

guapísimaEn 1927, Stefan Zweig escribió «Momentos estelares de la Historia de la Humanidad». Allí recogió varios acontecimientos que, según el autor, cambiaron el curso de la Historia: la derrota de Napoleón, la caída del Imperio Romano, la llegada de Lenin a Rusia, etc.

Pero quien tiene fe sabe que los momentos que realmente han cambiado la Historia han sucedido en secreto. Son intervenciones silenciosas de Dios que convirtieron la Historia, a secas, en Historia de salvación. Nadie presenció el diálogo entre Gabriel y María. Nadie vio cómo el Verbo se hacía carne en las entrañas de la Virgen. Nadie vio resucitar a Cristo. Y nadie vio cómo, tras miles de años marcados por la maldición del pecado, una criatura, María, era liberada de esa maldición y concebida inmaculada. Eso cambió la Historia de la Humanidad.

Se vieron los efectos. Se supo que algo nuevo comenzaba, algo que estaba libre de la decrepitud de lo antiguo. La devoción mariana comienza cuando Joaquín y Ana ven resplandores de cielo en los ojos de su hija. Nunca habían visto nada igual.

Es un verdadero momento estelar, porque, según nos dice san Bernardo, ella es la estrella: «Mira a la estrella, invoca a María».

(0812)

“Misterios de Navidad

La dulce entrega

Te has propuesto levantarte a tu hora cada mañana, sin concederle al sueño ni un segundo de prórroga, y quieres ofrecer al Señor ese sacrificio… Bueno, la verdad es que te lo has propuesto hace seis meses, y apenas lo has cumplido un par de días. Pero te lo sigues proponiendo, aunque aún cuentes las batallas por fracasos.

Quizá deberías rezar más, rezar mejor, enamorarte. Hoy celebramos la presentación de María en el templo. No es un propósito para vencer a la pereza, es mucho más. Es un acto de entrega total, por el que se consagra en cuerpo y alma a Dios de por vida. Tampoco es la ocurrencia de una persona bienintencionada. Es la respuesta enamorada de quien ha conocido el Amor de Dios por ella y, sintiéndose dulcemente cautiva de ese Amor, ha entendido que no puede entregarle menos. Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado (Ct 6, 3).

Tu entrega debe comenzar, no en un frío propósito que nunca acabas de cumplir, sino en un conocimiento profundo del Amor de Cristo por ti. En otras palabras: No te empeñes en darle a Dios tu vida; deja que Él te la robe. Enamórate.

(2111)

Feministas del Pilar

Ahora lo llaman feminismo. Y lo venden como una conquista de la modernidad. Pero la Biblia, desde siempre, ha exaltado la dignidad de la mujer como nadie lo ha hecho. Admito que los cristianos, a lo largo de la Historia, no hemos estado a la altura. A la mujer se la ha postergado y despreciado, se la ha considerado como inferior al hombre en muchas épocas y culturas a las que se llamó «cristianas». Pero aquello fue una traición, culpable o inconsciente, a las verdades reveladas.

Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.

Miradla sobre el pilar. Está sobre el pilar y es pilar. Porque la mujer ha sido siempre el pilar de la Humanidad. Por eso el Demonio, desde Eva hasta la mujer perseguida por el dragón del Apocalipsis, pasando por nuestros días, ha acechado siempre a la mujer. Él sabe que, si cae el hombre, la mujer lo levantará. Pero, si cae la mujer, el hombre caerá tras ella. Si en una familia cae el padre, la madre lo pone en pie. Pero si la madre cae, la familia entera cae con ella. Así nos va.

¿Somos feministas? ¡Claro! De los del Pilar.

(1210)

El camino hacia el Camino

Busca las vidas de los santos. Léelas todas, si quieres, y dime si existe un solo santo en el santoral que no haya amado tiernamente a la Virgen. No lo encontrarás, te lo aseguro. Porque ella es la reina de los santos, y el más dulce camino hacia el Camino.

He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Con esta expresión nos iluminó la senda hacia la santidad. Porque Cristo es la Palabra, y esa Palabra es nuevamente gestada en el alma del cristiano por la contemplación de los misterios de su vida.

Él es también el Camino. Y, por eso, en el Rosario la Virgen es camino hacia el Camino. Cada vez que, mientras desgranas las cuentas y rezas las avemarías, vas contemplando los misterios, de la mano de María te vas sumergiendo en Cristo y Cristo, alumbrado por ella, se va sumergiendo en ti. Y poco a poco, rosario a rosario, la Palabra se va haciendo verdad en tu corazón y en tu vida.

No dejes de rezarlo. Rézalo cada día. Y mantén, mientras lo rezas, la mente en el misterio. Deja que la Virgen vuelva a dar a luz a Cristo en ti.

(0710)

Los dolores de una madre

Una hora antes de escribir estas líneas he estado rezando, junto a una madre desconsolada, ante el cadáver de su pequeña hija que no tuvo tiempo ni de nacer. Apenas puedes hablar en momentos así. Sólo orar, callar y sufrir con ella. Porque es algo que no debería suceder. Una madre no debería tener que enterrar a su hija, somos los hijos quienes enterramos a los padres. Y si eso ya es doloroso, el entierro de una hija es terriblemente desgarrador. Aun así, le he dicho que realmente ha dado a luz a su pequeña. La ha dado a luz para el cielo, y desde allí ella cuidará de su madre.

Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. He ahí la espada que Simeón profetizó que atravesaría el corazón de María. La misma que atravesaba esta mañana el corazón de la madre con quien recé. La misma que atraviesa el corazón de tantas madres que lloran por la muerte del alma de sus hijos apartados de Dios.

Pero los dolores de una madre son siempre de parto. El dolor de una madre nunca se pierde.

(1509)

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad