El mejor descanso no es la pausa del café, cuando, a mitad de la jornada, te ausentas unos minutos para darte un respiro y seguir trabajando después. El mejor descanso es el del trabajo terminado y bien hecho. Dios, el gran trabajador, descansó el sábado, tras haber creado el cielo y la tierra y contemplar que todo era bueno.
Su Hijo también descansó en sábado en el silencio de lo profundo de la tierra, tras haber entregado su cuerpo en la Cruz.
Venid vosotros a solas a un lugar desierto a descansar un poco. Les salió mal. Porque, cuando llegaron al lugar pensado para el reposo, de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Y Jesús, al contemplar aquella multitud, se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Era la pausa del café. Y no pudo ser. Quedaba mucho trabajo por hacer.
Ojalá sepas descansar. Lo necesitas tú, y lo necesitan quienes te rodean. Pero no te apegues demasiado a esos tiempos de reposo. Hasta que no hayas entregado la vida, queda trabajo por hacer. En el cielo tendremos el descanso perfecto.
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