Aunque se suele señalar el milagro de las bodas de Caná como el inicio de la vida pública de Cristo, la verdadera actividad frenética del Señor comenzó en Galilea y, más concretamente, en Cafarnaún.
La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.
A partir de ese momento, la mayor parte de la vida de Jesús de Nazaret transcurrió entre multitudes. Y se trataba de multitudes que buscaban algo: salud, enseñanza, espectáculo…
No es malo buscar algo. Todo buscamos algo. Quizá deberíamos afinar para acertar bien con lo que buscamos, pero estamos todos muy necesitados. Por tanto, nada que reprochar a aquellas multitudes de pobres, hambrientos y endemoniados. Somos parte de esa congregación.
Lo verdaderamente malo es buscar algo, recibirlo y marcharte después. Porque ningún «algo» puede redimir al hombre, aunque ese «algo» sea tan noble como la paz de los espíritus. En nuestros días, muchos la buscan en los gimnasios y las farmacias.
Lo bueno es buscar algo, levantar la vista hacia quien te lo da y encontrarte con Alguien de quien te enamoras para siempre. Entonces estás redimido.
(TOP01X)











