Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 diciembre, 2025 – Espiritualidad digital

El cielo estuvo en Egipto

Sé que la fiesta de la Sagrada Familia es la ocasión perfecta para la reivindicación, para la protesta, para la denuncia de todos los desmanes con que nuestra sociedad occidental está atacando a la familia y tratando de destruirla. Todo eso lo sé, y en ocasiones yo mismo he aprovechado la ocasión para poner el grito, no en el cielo, sino en la tierra. Pero, qué queréis que os diga, este año no me apetece nada. Más me apetece disfrutar de lo bueno que lanzar piedras a lo malo.

Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Vivimos en Egipto, en la sociedad del pecado y la esclavitud. Pero, durante años, el cielo estuvo en Egipto, porque allí plantó Dios su tienda, en la que vivieron Jesús, María y José. Dichoso quien habita en esa tienda. Aun en medio de las peores dificultades, quien allí vive vive en el cielo, rodeado de amor humano y divino.

Egipto necesita santos. Necesita personas felices mucho más que apologetas indignados. Necesita calor de cielo, sonrisas de ángeles. Creedme: lo mejor que podemos los cristianos hacer por la familia es plantar en Egipto la tienda de Jesús, María y José.

(SDAFAMA)

“Misterios de Navidad

Ver, creer, besar

Me encanta cómo besan los niños la imagen del Niño Dios al terminar la misa. Es verdad que me lo dejan perdidito de babas, pero cuánta naturalidad hay en esos besos infantiles. Papá o mamá, que los traen en brazos, dejan en los pies de Jesús un beso contenido. Y luego dicen al pequeño: «Dale un beso al Niño Jesús». Y el niño se lanza sin miedo a besar como besa a sus padres. ¡Qué sería de los niños sin las imágenes! Un pequeñín no puede entender a un Dios invisible, pero disfruta contemplando el Belén.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Eso mismo hace el niño: ve y cree. Ve con sus ojitos la imagen de Jesús y besa como quien realiza el más conmovedor acto de fe.

Hasta que el Hijo de Dios vino a la tierra, hacer imágenes del Altísimo era un pecado. Pero la vida eterna que estaba junto al Padre se nos manifestó (1Jn 1, 2). El Hijo se dio la vuelta, nos miró y se dejó ver. Por eso la Navidad es de los niños, por eso en Navidad se reza con los ojos.

(2712)

“Misterios de Navidad

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