Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

22 noviembre, 2025 – Espiritualidad digital

No hay otro rey sino Tú

En tiempos de Jesús, un rey era un rey. Pero ya no quedan de ésos. Tenemos reyes, pero no mandan. Les queda el oropel, el brillo. Oropel y brillo tienen hasta deslumbrar, porque se han convertido en símbolos, y los símbolos tienen que lucir. También les queda la distancia. Son inasequibles para el hombre de a pie, que hoy se conforma con verlos por televisión.

Mirad, sin embargo, al Rey de reyes, al único y verdadero rey:

Los magistrados hacían muecas a Jesús. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre.

Como trono, una cruz. Como corona, las espinas. Como medallas, salivazos y llagas. Como corte, dos ladrones. ¿Qué brillo, qué oropel es ése?

Sin embargo… Han pasado dos mil años, y ahí sigue, gobernando el Cosmos desde esa Cruz que permanece levantada hasta el fin de los tiempos. Cualquier hombre que sufra lo encontrará a su lado, cualquier moribundo se abrazará a Él. Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino. Hoy estás conmigo en el Paraíso, te he conquistado, tu vida es mía, tu dolor es mío, tu muerte es mía y mi reino es tuyo.

No hay otro rey sino Tú.

(XTOREYC)

Sobre el amor y la muerte

Se habla poco de esa asociación entre matrimonio y muerte que, sin embargo, está presente en la liturgia y la Escritura. Sólo en el rito hispano-mozárabe del matrimonio se pronuncia la frase «hasta que la muerte os separe», pero en la fórmula más común del consentimiento matrimonial los esposos se prometen fidelidad «todos los días de mi vida». El compromiso no va más allá. Y hoy, cuando Jesús explica que en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán, alega, como motivo: Pues ya no pueden morir.

En definitiva: os casáis porque moriréis. El vínculo matrimonial es una ayuda para el camino. No contraéis matrimonio para pasar la vida mirándoos el uno al otro, sino para ayudaros a llegar al cielo. Especialmente quisiera gritárselo a los jóvenes: Buscad, no a la persona con quien mejor pasáis el tiempo, sino a quien pueda ayudaros a alcanzar la eternidad.

Eso está escrito respecto al sacramento. Pero, en cuanto al amor conyugal, si está arraigado en Dios, no temáis, os seguiréis amando en el cielo, porque ese Amor es más fuerte que la muerte. Procurad llenar de cielo vuestro amor, y se llenará de amor vuestro cielo.

(TOI33S)

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