Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

8 noviembre, 2025 – Espiritualidad digital

Una ruina

Érase un hombre tan avaro, tan avaro, que hasta prestaba atención con interés.

Vale. Perdonad el chiste. Una licencia dominical.

Pero viene a cuento.

Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.

¿Acaso es malo el mercado? No. El mercado es necesario para la economía del ciudadano y del país. Pero tiene su momento y su lugar. Cuando uno entra en la casa de Dios, cambia de escenario. No todo es mercado.

En el mercado, el hombre busca su interés. Compra y vende. Pero el Amor ni se compra, ni se vende, ni busca su interés. Dios se regala a Sí mismo, se entrega sin esperar paga y arruina su interés hasta morir amando. Dios no es un mercader. Es un río que fluye generosamente por el alma y todo lo llena de vida.

Por tanto, cuando entres en Mercadona, busca las ofertas y que tengas suerte. Yo ya no tengo Mercadona cerca y me apaño con el cheque ahorro de Carrefour. Pero en la casa de Dios, que es tu alma, olvida tu ganancia, recibe a quien te ha regalado hasta su sangre, y entrégate sin reservas, que el Amor es una ruina.

(0911)

Entrégalo todo

El domingo 32 del Tiempo Ordinario (o sea, mañana) suele celebrarse en España el día de la Iglesia Diocesana, en el que, entre otras cosas, se trata de concienciar a los fieles para que colaboren con sus parroquias mediante una suscripción bancaria. No quisiera convertir estas líneas en una sección de «avisos parroquiales». Pero el evangelio me lo pone en bandeja, y no puedo resistirme.

Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

La Ley de Moisés prescribía que los israelitas entregasen como ofrenda a Dios el diezmo, esto es, la décima parte de todo lo que ganasen. Me pregunto cuántos católicos entregan a la Iglesia esa décima parte. Santa Catalina de Siena iba más allá. Dividía sus ganancias en tres partes iguales: una para su manutención, otra para los pobres, y otra para la Iglesia.

No saques la calculadora todavía, por favor. Espera a mi consejo: Entrégalo todo. Ni un diez por ciento, ni dos terceras partes. Todo. Preséntale al Señor todo tu dinero y dile: «Es tuyo, siempre lo fue. Quiero emplearlo según tu voluntad». Escúchalo en la oración y en la dirección espiritual. Después, administra ese dinero.

(TOI31S)

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