Lo cantaban Los Panchos: «Si tú me dices ven, lo dejo todo». Y se lo decían a una mujer. Dejarlo todo por una criatura es peligroso. Especialmente si en ese «todo» va incluido Dios. Los hay que dejaron a Dios por una mujer. O por un hombre. Y un buen día se encontraron con un demonio en la cama. Yo no lo dejo todo ni por el ideal más elevado.
A otro le dijo: «Sígueme».
Por Cristo sí quisiera dejarlo todo. Porque todo es nada en comparación con Él. Y Él lo es todo. Dejo nada para ganar todo. ¿Por qué le ponen pegas? Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre… Déjame primero despedirme de los de mi casa… ¿No se dan cuenta de que Cristo es la vida eterna de su padre y el consuelo de su familia?
Me suena raro cuando me dicen que los sacerdotes hemos dejado todo por Él. Lo mismo digo de las monjas o los religiosos. Creo que es mentira. Lo que yo dejé es nada, aunque entonces me pareciese algo. Me engañaba. Si ahora me lo dieran, no lo querría. Y si me quitasen a Cristo, me matarían. Lo tengo todo.
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