Desde luego, no debe quedar ya nada por inventar. Estaba leyendo en el periódico, pocos minutos antes de escribir estas líneas, que un cierto «Tall People Club» organiza encuentros para gente alta. Como se forme un «Clumsy Priests Club» para curas torpes me apunto en cero coma. Dicen los del Tall People que están hartos de que la gente les pregunte si juegan al baloncesto. Me troncho. A mí me preguntan si he vuelto a derramar las vinajeras.
Y, con todo, aunque no nos apuntemos al Tall People, nadie hay más alto que un cristiano. Porque, mientras mantenemos los pies anclados en tierra, tocamos el cielo con el alma.
Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Desde la tierra pedimos, porque estamos llenos de necesidades. Y desde el cielo se nos da. Desde la tierra buscamos el camino de Casa. Y desde el cielo se nos envía a Cristo, que es el Camino, para que lo encontremos a nuestro lado. Desde la tierra llamamos, con todas las fuerzas, a las puertas del Paraíso. Y desde el cielo se nos abre la puerta estrecha de la Cruz.
Y todo eso, aunque midas metro y medio.
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