Sólo tres palabras
A Felipe no le gusta discutir de religión. Él simplemente le cuenta su vida a su hermano: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret. Y cuando Natanael empieza a discutir de religión y le dice que de Nazaret no sale nada bueno, Felipe le corta el rollo: Ven y verás.
Ya está. No hace falta más. Por mucho que yo te explique, no vas a enamorarte. A mí nadie me convenció con palabras. Él me vio, me dijo: Sígueme, y yo lo miré porque esa voz me sonaba familiar. Fue entonces, al mirarlo, cuando me di cuenta de que tenía padre y madre, de que tenía un hogar y lo había perdido hacía mucho tiempo, de que era muy amado y ya no me acordaba, y de que ese padre, esa madre y ese hogar me estaban llamando para que volviera a casa. De repente, me sentí extranjero en este mundo. Y ya no tengo otro deseo que tomar su mano y volver con Él al hogar del que jamás debí salir.
Pero, por más que te lo explique, no lo vas a entender. Ven y verás.
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