Santidad, sorpresa y confianza

Cuando alguien se entrega rendidamente al servicio del plan de Dios, no recibe un manual de instrucciones, ni una «hoja de ruta» con todo el camino detalladamente explicado. Si yo hubiese sabido lo que me esperaba al ordenarme, quizá me hubiera dado la vuelta. Por eso agradezco a Dios que no me lo mostrase. En ninguna otra vida hubiera podido ser más feliz.

Quien se pone al servicio del plan de Dios no conoce el camino. Dios se lo va mostrando día a día, y el hombre debe estar abierto a la sorpresa. María, tras consagrarse como Virgen, no contaba con ser madre, y menos aún madre del Mesías. De ahí la pregunta que le hizo al ángel.

Juan sabía que señalaría, entre los hombres, al Mesías de Dios; era su llamada. Pero lo último que imaginaba era que ese Mesías fuera a pedirle a él que lo bautizase.

Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Juan desconocía el misterio de la Cruz. Ignoraba que Jesús tomaría sobre sí nuestros pecados y nuestros dolores. Pero, ante la insistencia de Jesús, obedeció.

Porque, por encima de todo, la santidad consiste en fiarse de Dios.

(BAUTSRA)

“Misterios de Navidad