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Espiritualidad digital – Página 3 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Satisfacciones de un buen padre

¿Conocéis a alguna de esas personas que parecen vigilar todo lo que haces para ver si metes la pata en algo y reprochártelo después? De lo suyo apenas se ocupan, están demasiado ocupados en mirar lo tuyo. Unos pesados insufribles. Dios los perdone. Pero capaces serán, cuando lo haga, de reprocharle que los ha perdonado en sábado. Porque ellos no perdonan ni al propio Dios.

Los discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas. Los fariseos le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

¡Menuda panda de tiquismiquis! Me pregunto si tendrían hijos. Y, como supongo que los tendrían, me pregunto si alguna vez alguien les anunció que Dios es Padre.

Cualquier padre goza viendo comer a sus hijos pequeños. Mi sobrino nieto de tres meses, Pablito, está gordo y sus padres son felices. Les preocuparía que estuviese delgado.

Porque ningún padre quiere que sus hijos pasen hambre. Y Dios nos lo ha demostrado enviándonos a Aquél que es el Pan del cielo, para que comamos hasta hartarnos. Por eso la Misa, que hubiera escandalizado a aquellos fariseos, es un gozo inmenso: porque nos hacer felices a nosotros al comer, y a Dios cuando nos ve saciarnos.

(TOP02M)

Los sufridores

Yo creo que, secretamente, se morían de envidia. Bueno, primero se morían de hambre, porque estaban ayunando. Y luego, cuando veían a los discípulos de Jesús sentados con Él a la mesa, comiendo y bebiendo, se morían de envidia y empezaban a salivar.

Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús: «Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».

Entiendo lo de los fariseos. Eran tan puritanos como hipócritas. Pero los discípulos de Juan… ¿qué hacían en ese bando? ¿Acaso Juan no les había señalado a Jesús como el Cordero de Dios? ¿Cómo no se habían sentado a la mesa con Él?

Juan estaba preso, y aquellos guardianes de las esencias pensaban que le eran fieles manteniéndose en sus ayunos. Es como no comulgar para seguir guardando el ayuno eucarístico. Es no entender que aquel ayuno del Bautista estaba destinado a hacer hambre para el banquete. No creo que Juan estuviera orgulloso de ellos.

No hemos sido creados para sufrir, sino para gozar. Cuando ayunamos, es para comer algo mejor. Y cuando sufrimos, es para gozar algo mejor. Pasad, de Juan, a Cristo.

(TOI02L)

La obsesión del santo

Un joven, a quien llamamos «el joven rico», se acercó a Jesús preguntando qué tenía que hacer para heredar vida eterna. En su favor diremos que era consciente de que necesitaba salvarse, y de que esa salvación requería que pusiera algo de su parte. Su error consistía en pensar que podía hacer algo para obtenerla. La vida eterna está fuera de nuestro alcance.

Contra lo que muchos piensan, uno no se salva por hacer algo, aunque ese algo sea muy bueno y se haga muchas veces. La Ley no era sino una preparación para la revelación final. Por eso Jesús, cuando el joven le dijo que la había cumplido, le respondió que le faltaba algo.

Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. La salvación del hombre es una persona: Cristo. Cristo lo es todo. Encontrarlo y amarlo es pasar de la nada al todo; de la muerte a la vida; de las tinieblas a la luz.

Sólo quien se ha obsesionado dulce y amorosamente con Cristo, quien ha sido irremediablemente secuestrado por su Amor, sabe que está salvado. Él no es quien nos dice cómo salvarnos; Él es la salvación. Abrazadlo, y no lo soltéis.

(TOA02)

Normalidad

Cerevisiam nolentes balde timeo. Traducidlo vosotros. Algunas personas piadosas me dan como miedo. Los veo siempre estirados, con un aire de superioridad atufado de jansenismo, encerrados en católicas burbujas e incapaces de meterse en un bar para tomar unas cervezas mientras ven el partido de fútbol con el resto de la clientela.

¿Por qué come con publicanos y pecadores? Respuesta: porque es normal, un hombre normal entre hombres normales. ¿Creéis que estaba predicando mientras comía? Seguramente, le preguntarían, y Jesús les hablaría de su Padre. Pero también reiría con ellos, y hablaría de sus cosas, y de lo que por entonces se hablara en la calle.

¡Qué bien lo pasaba Jesús con aquellas gentes! Y ¡qué bien lo pasaban aquellas gentes con Él! En ese pasarlo bien, los iría redimiendo como por contacto.

Un seglar católico no es alguien que se perfuma con incienso y bebe agua bendita, mientras va por la calle con un crucifijo enorme colgado del cuello. Eso es un bicho raro. Un seglar católico es una persona normal que ama desesperadamente a Jesucristo. Y se le nota cuando reza… y cuando ve un partido de fútbol tomando cerveza con los amigos. Alguien con quien da gusto estar.

(TOP01S)

El hombre de los tres milagros

En sentido estricto, «milagro» es la irrupción del poder de Dios en las leyes de la Naturaleza. Y, en ese sentido, el único milagro que aparece en el evangelio de hoy es el de unas piernas paralizadas que comienzan a moverse por intervención divina.

Pero a menudo, cuando decimos «milagro» nos referimos a hechos sorprendentes, extraordinarios. En ese sentido, el pasaje evangélico contiene tres milagros.

El primero es el del paralítico alpinista, primo segundo de Spiderman. Abrieron un boquete y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Es el milagro de la amistad. Un paralítico con buenos amigos es capaz de escalar paredes y colarse por los techos. Bendito milagro. Que nos conceda Dios buenos amigos, y que nos dejemos ayudar.

El segundo milagro es, como dije, la curación: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa. No es algo frecuente, pero en ocasiones nos lo concede Dios.

El tercer milagro, el más grande de ellos, es el perdón: Hijo, tus pecados te son perdonados. Y ése lo obra Dios cada día en el confesonario. Confesad con frecuencia. Porque quien tiene el alma en gracia, aunque se quede sin amigos y esté comido por la enfermedad, tiene vida eterna.

(TOP01V)

El leproso y la viejecita

En la primera parroquia que me asignaron, allá por el siglo pasado, había una viejecita que, nada más entrar en la iglesia, ignoraba el sagrario y se dirigía, como una flecha, a la imagen del Sagrado Corazón que había en un lateral del templo. Levantaba la mano, acariciaba los pies de la imagen y se la comía a besos. El párroco se enfadaba, porque la imagen se deterioraba con tanto manoseo. Y decidió levantarla un palmo, lejos del alcance de la devota. ¡Teníais que haberla visto a la pobre, intentando ponerse de puntillas para tocar aquellos pies!

Algunos dirán que hay que educar al pueblo, que el sagrario es mucho más importante que cualquier imagen… Quizá tengan razón. Pero entiendo a la viejecita. En su sencillez, sólo sabe amar a Jesús como ama a sus nietos: tocándolo.

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». ¿Era necesario que lo tocase? Para curarlo, no era necesario. Pero aquel hombre necesitaba sentir que era amado. Y, para eso, las manos hablan.

Con todo, hay un toque aún más excelso. Bienaventurado aquél que es tocado por Cristo en el mismo hondón del alma. Eso es el cielo en la tierra.

(TOP01J)

Buscabas algo y encontraste a Alguien

Aunque se suele señalar el milagro de las bodas de Caná como el inicio de la vida pública de Cristo, la verdadera actividad frenética del Señor comenzó en Galilea y, más concretamente, en Cafarnaún.

La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

A partir de ese momento, la mayor parte de la vida de Jesús de Nazaret transcurrió entre multitudes. Y se trataba de multitudes que buscaban algo: salud, enseñanza, espectáculo…

No es malo buscar algo. Todo buscamos algo. Quizá deberíamos afinar para acertar bien con lo que buscamos, pero estamos todos muy necesitados. Por tanto, nada que reprochar a aquellas multitudes de pobres, hambrientos y endemoniados. Somos parte de esa congregación.

Lo verdaderamente malo es buscar algo, recibirlo y marcharte después. Porque ningún «algo» puede redimir al hombre, aunque ese «algo» sea tan noble como la paz de los espíritus. En nuestros días, muchos la buscan en los gimnasios y las farmacias.

Lo bueno es buscar algo, levantar la vista hacia quien te lo da y encontrarte con Alguien de quien te enamoras para siempre. Entonces estás redimido.

(TOP01X)

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