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Espiritualidad digital – Página 2 – Brevísima homilía diaria, por José-Fernando Rey Ballesteros

ESPIRITUALIDAD DIGITAL

Clientes de Cristo y familiares de Dios

Hay comercios a los que no vuelvo. En unos grandes almacenes cuyo nombre omitiré me engañaron con un supuesto cupón de regalo y llevo años sin pisarlos. Tampoco piso un restaurante cercano a mi casa donde me pusieron los cubiertos como si me los tiraran a la cara. El cliente siempre tiene razón. Si pago, busco quien me trate bien. Si me tratan mal, no vuelvo.

Ésta es una máxima sagrada para el comercio. Pero llevada a la religión es un absoluto desastre. «Padre, ya no voy a misa porque le pedí a Dios que se curase mi madre y mi madre murió». O sea, que eras un cliente de Cristo. Y, como no te dio lo que pedías, ahora le rezas a Buda o, directamente, no rezas. Chico, creo que te equivocaste. Ni Cristo es un camarero, ni la Iglesia es un restaurante.

El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre. Cuando lo entiendas, dejarás de ser cliente de Cristo. Pero serás hermano, hermana y hasta madre suya. Serás su familia. Cuando aprendas que Él siempre tiene razón y que somos nosotros quienes nos jugamos todo en hacer su voluntad.

(TOP03M)

¿Nos quedaremos esperando?

A quienes deseáis ver el Reino de Dios extendido por toda la tierra os mostraré dos escenarios: Podéis rezar y esperar a que los hombres, hartos del mundo, vuelvan a Cristo. Y volverán, van volviendo de uno en uno, yo ya he recogido a unos cuantos que venían muertos de asco y de sed. O podéis ser divinamente impacientes, no conformaros con esperar rezando y salir a las calles, acercaros a quienes no creen y llevar el cielo a sus casas para que despierten, gritándoles, con vuestras vidas: El reino de Dios ha llegado a vosotros.

Porque para muchos, incluso entre quienes fueron bautizados, Dios es un concepto frío y lejano. No lo han tocado ni lo han olido jamás. Y el cristiano es quien, con su vida, su cariño y su alegría hace sentir a los hombres que Dios está cerca.

Decid primero: «Paz a esta casa». Y los hombres se sorprenden. ¿De dónde le viene a éste esa paz? Le viene del cielo, el cielo está cerca, lo toco cada vez que trato a este hombre. Huele a Dios.

No os conforméis con rezar y esperar. Llevad el cielo a los hombres. Sed santos en medio de ellos.

(2601)

La luz del mundo

Aún está viva en la memoria la estela del prólogo de san Juan, proclamado en Navidad: El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre (Jn 1, 9). Y hoy san Mateo reproduce las palabras del Profeta: El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande.

No entendemos el regalo que es la luz hasta que no oscurece y, de repente, todo se torna oscuridad y tinieblas. Y entonces, cuando al insomne lo rodean esos fantasmas que pueblan la noche, devorado por la angustia, anhela el día. Se le vuelven los minutos horas, y hasta llega a dudar de que amanezca. Dios nos libre de los terrores nocturnos.

Imaginad que Cristo desapareciera de nuestras vidas. Que no pudiéramos recitar ni una oración. Que no pudiéramos mirar un crucifijo ni una imagen de la Virgen. Que no hubiese Eucaristía. Imaginad lo que sería la muerte sin Cristo. Y lo que sería la vida sin Cristo: sólo tedio, tristeza y, quizás, una mala embriaguez.

Ahora volved a encender la luz, mirad a Cristo iluminándolo todo. ¡Qué hermosa es la vida entonces! ¡Hasta el dolor se vuelve dulce sufrido con Él!

¿Es o no es Jesús la luz del mundo?

(TOA03)

Fuera de sí

En el fondo, y aunque sus motivaciones y propósitos estaban inspirados por el Diablo, la familia de Jesús tenía razón.

Vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Era cierto. Jesús estaba «fuera de sí». Siempre estuvo fuera de sí. Eso es lo que significa «éxtasis», la salida de uno mismo. Y Jesús estaba en permanente éxtasis. No era una enajenación mental, ningún hombre ha estado ni estará jamás tan cuerdo como Él. Era una enajenación existencial. Cristo no pensó nunca en sí mismo, vivió derramado y entregado. ¿Que a algunos eso les parecía locura? Tanto peor para ellos. Los mezquinos suelen tratar de loco a quien se entrega.

Pero sí. Tenían razón. Jesús estaba fuera de sí. Aunque se equivocaron en su decisión. Decidieron llevárselo, apartarlo de la circulación, cuando hubieran debido hacer lo que hicieron los habitantes de Cafarnaún: comérselo; rodearlo hasta estrujarlo y obtener de Él la salud de los enfermos y el consuelo de los tristes. Jesús se dejó comer. Pero a su familia no les permitió apartarlo de la misión encomendada por su Padre.

La pena no es que Jesús estuviera fuera de sí. La pena es que nosotros estemos tan ensimismados.

(TOP02S)

Amar es aventura arriesgada

JudasLa presencia de Judas Iscariote entre los doce elegidos por Jesús para ser apóstoles suscita muchas preguntas y sugiere varias respuestas muy valiosas.

Para empezar, no se nos pasa por alto el sobrenombre con que ese apóstol ha pasado a la Historia. Si Pedro fue llamado Simón y los hermanos Santiago y Juan fueron llamados hijos del trueno, el sobrenombre de Judas es bastante menos agradable:

Judas Iscariote, el que lo entregó.

¿Por qué lo eligió, si Jesús, Dios encarnado, sabía que iba a entregarlo? Lo eligió porque lo amaba, y lo eligió para que reinase con Él en el cielo. Ése era el destino asignado por Dios al Iscariote. Si ese destino se frustró –sólo Dios lo sabe– no fue, desde luego, por culpa de Jesús.

¿Por qué entregó Judas a Jesús? La respuesta es sencilla: porque llegó a odiarlo, y necesitaba quitárselo de encima.

Jesús se arriesgó al elegirlo, como se ha arriesgado al elegirnos a nosotros. Y perdió, como ha perdido tantas veces con nosotros. Es lo que tiene el amor, que te arriesgas a que te destrocen. Pero también el amor abre las puertas a los gozos más grandes.

Respondamos libre y generosamente a ese Amor.

(TOP02V)

La supuesta piedad de los demonios

De los demonios se puede decir que son mendaces, embusteros, malintencionados, envidiosos, malvados… Pero jamás pensé que pudiese haber demonios «piadosos». Y, probablemente, me habré equivocado. Los demonios no pueden ser piadosos. Pero no me negaréis que lo parecen:

Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios».

Se postran en adoración como los Magos, y su profesión de fe es digna de un Juan Bautista o un san Pedro. Cualquiera diría que estos demonios van cada día a misa de siete. Pero…

Pero al corazón del Señor no le agradan sus adoraciones ni sus profesiones de fe. Porque no proceden de un espíritu enamorado, no hay amor en ellas, tan sólo hay temor. No es oro todo lo que reluce, ni piedad todo lo que reza.

Agrada más a Cristo el Amén de un santo que todas las postraciones y jaculatorias de los demonios. Y un santo que se persigna conforta más al Señor que los dos besos que recibió de Judas.

No te conformes con decir: «Ya rezo, ya voy a misa, ya me arrodillo ante la custodia». Dale al Señor lo que el Señor quiere: un amor encendido.

(TOP02J)

Lo que Jesús no pudo hacer

Se cuenta de santa Teresa –aunque no he logrado encontrar ningún escrito suyo que lo avale– que, en cierta ocasión, Jesús le dijo: «Teresa, yo quise, pero los hombres no quisieron». Se lo dijera o no el Señor a la santa, estas palabras encierran una terrible verdad.

«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?» Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.

Jesús tenía ante sí dos enfermedades, una leve y otra grave. Con su poder de Dios pudo curar la mano paralizada del enfermo, que era la enfermedad más leve, puesto que no afectaba al alma; Él mismo acabaría su vida con las dos manos paralizadas en la Cruz, y así vencería al pecado y a la muerte.

Pero Jesús no pudo purificar el corazón de los fariseos. Perdonó pecados, acogió a publicanos y meretrices, pero no pudo sanar la soberbia de quienes no estaban dispuestos a ser sanados por Él.

¡Qué terrible es la soberbia, que reduce a la impotencia al propio Dios!

(TOP02X)

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