Los que buscan y los que huyen

Dividir el mundo entre buenos y malos es una estupidez. ¿Quién es bueno ¿Quién es malo? ¿Yo soy bueno? ¿Quién puede escudriñar las conciencias, sino sólo Dios?

Pero, ya puestos a dividir el mundo, quizá sea más realista dividirlo en dos: los que buscan y los que huyen, sean buenos o malos.

Los que buscan: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Estos hombres no están bautizados, no son judíos ni conocen las Escrituras. Pero son buscadores incansables de la verdad, como lo fue san Agustín, y esa búsqueda, tarde o temprano, los acaba llevando a postrarse ante Cristo.

Los que huyen: Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Tienen miedo de la verdad, porque viven en la mentira, y estarán dispuestos a matar a la Verdad con tal de no afrontarla. De éstos dice san Pablo: Andan como enemigos de la cruz de Cristo: su paradero es la perdición; su Dios, el vientre; su gloria, sus vergüenzas; solo aspiran a cosas terrenas (Flp 3, 18-19).

Y, al final, el que busca encuentra y el que huye se despeña. Así de sencillo.

(0601)

“Misterios de Navidad