El imposible apostolado del pijama

Se dice que donde hay confianza da asco. Y ojalá no fuera verdad. Aunque, desgraciadamente, con frecuencia lo es. Tampoco ayuda el que uno se permita, en su casa, «libertades» que no se permitiría ni siquiera en el bar. Cuando se pierde el decoro, se falta al pudor y se olvidan las buenas formas, el respeto es lo siguiente en caer.

Y así le ocurrió a Jesús. En otras ciudades le presentaron a los enfermos, lo escucharon y se admiraron de su doctrina. Pero en Nazaret le habían perdido el respeto. Eran incapaces de asombro ante nada que procediera de Él.

¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María?

De un carpintero sólo puedes esperar una mesa o una puerta. En el taller no se aprende a hacer milagros.

No te extrañe si te ocurre lo mismo con los tuyos. El apostolado del pijama es misión imposible. Quien te ha visto en pijama no querrá aprender nada de ti. Tendrán que venir otros de fuera a hablarle de Dios. A ésos los escuchará. Tú reza para que vengan.

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