Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Tiempo Ordinario (ciclo impar) – Página 15 – Espiritualidad digital

A los santos también se les quema el pollo

Desde el comienzo de su vida pública, Jesús predicó y pidió la conversión de los hombres. Se congregaron en torno a Él miles de personas, pero pocos, muy pocos se convirtieron.

Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza.

Y ¿qué es convertirse? Es necesario escuchar al profeta Jeremías: Me dieron la espalda y no la frente (Jer 7, 24). Convertirse es dar la espalda a las criaturas y la frente a Dios. Eso no supone desentenderse del mundo, sino mirarlo reflejado en las pupilas de Dios, mirarlo como lo mira Él.

Son las dos de la tarde, y descubres que no te has acordado de Dios en todo el día. Entonces rezas una jaculatoria… y te vuelves a dar la vuelta hacia el pollo, que se está quemando en el horno. Por cómo reaccionas ante el desastre se nota que te has vuelto a olvidar de Dios. Estás de espaldas, sólo le prestas atención cuando te giras.

A los santos también se les quema el pollo. Pero, como viven vueltos hacia el cielo, dicen: «¡Bendito sea Dios!». Y se lo comen santamente.

(TOI15M)

Cuando el amigo se vuelve enemigo

Estas palabras de Jesús hay que explicarlas. Porque pueden dar lugar a conclusiones terribles:

He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.

«¿Lo ve, padre? ¡Cómo se nota que Jesús es Dios! Profetizó que yo me llevaría fatal con mi suegra. Eso es que debo ser muy santa».

¡Pues no! Jesús habla del Amor y los amores. Y de cómo, si no se rompen los amores para alcanzar el Amor, los propios amores se vuelven cadenas y los amigos enemigos.

Jajaja, ahora tengo que explicar también mis propias palabras.

Los vínculos humanos están dañados por el pecado original. Y el amor fácilmente degenera en egoísmo, afán de control, posesión del otro… Entonces el amigo se vuelve enemigo, porque te anula o te esclaviza. Es preciso, aunque duela, cortar ese lazo, subirlo a la Cruz y reemplazarlo por un amor espiritual, brotado del corazón de Cristo.

No debemos amarnos según la carne, sino según el Espíritu. Lo que nos pide Jesús no es que no amemos, sino que amemos mejor, con el Amor que Él nos da.

(TOI15L)

Así funciona la Providencia

Hablamos mucho de la Providencia, pero no sé si caemos en la cuenta de su faceta más sorprendente: que no siempre funciona.

¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.

Supón que Dios y tú vais en coche. Cuando le permites tomar el volante, y tú te limitas a dejarte llevar por Él y a obedecerle en todo, la Providencia funciona. En ese viaje pasaréis por túneles, se os hará de noche, lloverá y granizará sobre el parabrisas, lucirá también un sol radiante y escucharéis música por el camino. El coche, finalmente, llegará al cielo, y allí la Virgen te abrirá las puertas para abrazarte y llevarte ante Jesús.

Pero si te empeñas en sentarte en el asiento del conductor, Dios te lo permitirá. No se retirará, se quedará en el asiento de atrás como acompañante. Y, cuando te despeñes –porque te despeñarás–, se despeñará contigo y morirá en Cruz para recuperar tus restos. Si te dejas.

Así funciona la Providencia.

(TOI14S)

Nos falta autoestima

No sé si nos falta autoestima, nos falta fe, o nos faltan ambas cosas. Pero leemos: Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios, y pensamos: «Eso no va conmigo. ¡Cómo voy yo a curar a un enfermo o a resucitar a un muerto!».

No somos conscientes de hasta qué punto podemos ser fuente de sanación para los demás. A una persona que está sufriendo se le acerca un cristiano, le da cariño, lo anima y le habla de Dios, y algo sana en su interior. Quien estaba sufriendo en medio del desaliento sufre ahora con paz y esperanza. Y quien estaba sufriendo solo sufre ahora en compañía del amigo. Ya sabes: las alegrías se multiplican y las penas se dividen.

Ya sé que no podemos evitar el sufrimiento de los hombres. Ni debemos. Cristo, que sufrió en la Cruz por nosotros, no nos pide eso. Al pedirnos que curemos enfermos y resucitemos muertos se refiere a que sanemos soledades y llevemos gracia a las almas azotadas por el pecado. Y eso, con la ayuda de Dios, podemos hacerlo. Si fuéramos conscientes del poder que tiene la caridad de un cristiano en gracia para sanar almas heridas, lo usaríamos más.

(TOI14J)

De abajo arriba

Ya te he contado en alguna ocasión la cantidad de veces que los sacerdotes escuchamos esta frase: «No soporto a los políticos». Si tú eres uno de quienes se acusan de ello, haces bien en acusarte, porque el amor –dice san Pablo– todo lo soporta. Y porque si al Señor le diera por no soportarte a ti o a mí, estaríamos perdidos.

De todas formas, te equivocas. Piensas que los políticos son culpables de la situación de nuestra sociedad, como si el mundo cambiase «de arriba abajo». Con políticos corruptos, la sociedad se corrompe. Y, si tuviéramos políticos santos, la sociedad sería angelical.

Mentira. Hoy día, unos políticos santos serían mártires.

Y tampoco es verdad que la sociedad cambie «de arriba abajo». De ser así, Cristo hubiera enviado a los discípulos a predicar a los reyes. Sin embargo, los envió a predicar a las ovejas descarriadas de Israel.

Deja de quejarte. Tienes a las ovejas descarriadas a la puerta de tu casa, en el bar de enfrente, en la piscina… Si anunciásemos el evangelio a esas ovejas descarriadas, y ese anuncio se propagase por todos los ambientes, una sociedad de santos produciría políticos santos. El mundo cambia «de abajo arriba».

(TOI14X)

Como bandera discutida

A veces me sorprendo a mí mismo cuando me veo, en mi cargo de párroco, tratando de tener contento a todo el mundo. Hasta que me vienen unos novios que quieren convertir su boda en un recital de bandas sonoras de películas y tengo que decirles: «No». Se me enfadan los novios, me llama la madre de la novia por el disgusto que tiene su hija, me llaman los músicos para tratar de convencerme… Y yo me digo: «Pero, Fernando, ¿eres tonto? ¿Aún no te has dado cuenta de que no puedes agradar a todo el mundo?».

Nunca se ha visto en Israel cosa igual… Este echa los demonios con el poder del jefe de los demonios. Si en torno a Cristo, que es la Verdad encarnada, se dividieron los hombres, alabándolo unos y ultrajándolo otros, no vayamos nosotros a querer caer bien a todos.

Insisto en que Cristo es la Verdad, porque la única forma de agradar a todo el mundo es mintiendo. Pero hasta ese truco funciona pocas veces.

Asumamos que siempre habrá quien nos mire mal, quien hable mal de nosotros… y no creamos que, por eso, estamos haciendo algo mal. Preocupémonos sólo de agradar a Dios.

(TOI14M)

La fe de la hemorroísa y los calcetines de san Pío

A san Pío X, según dicen, le robaron unos calcetines como reliquia. Y una religiosa se le acercó y le dijo: «Santidad, he sanado de una enfermedad al tocar sus calcetines». El buen papa respondió: «Qué raro, yo me los pongo todos los días y no me hacen ningún efecto».

Una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y le tocó la orla del manto, pensando que con solo tocarle el manto se curaría. Como los calcetines de san Pío, no era el manto de Jesús el que obraba milagros, sino la fe de aquella mujer. ¡Ánimo, hija! Tu fe te ha salvado. Porque creyó que aquel hombre era Dios; que ella se estaba muriendo y Él era la Vida; que la Vida manaba de Él como un río; que la misma Vida consiste en estar en contacto con Él…

Hay todo un tratado de espiritualidad en la fe de la hemorroísa. El milagro, a fin de cuentas, es lo de menos. ¿De qué te sirve curarte de unas hemorragias para morir después y perderte para siempre? Pero si crees que Cristo es la Vida y te abrazas a Él, vivirás eternamente.

(TOI14L)

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