Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Domingos de Tiempo Ordinario (ciclo C) – Página 2 – Espiritualidad digital

Para quedar bien…

santidadDe los fariseos había dicho Jesús que todo lo que hacen es para que los vea la gente (Mt 23, 5). Y hoy, al pronunciar su parábola, con ironía sutil les envía un mensaje escondido: «De acuerdo, ¿queréis quedar bien, buscáis la gloria de los hombres? Pues hasta para encontrarla os conviene hacerme caso. Porque si os apresuráis a ocupar los primeros puestos, os arriesgáis a que os humillen haciéndoos cambiar de lugar. Pero si buscáis el último lugar, os acabarán ascendiendo. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales».

En resumen, les está diciendo: «Sois bobos. Ni para quedar bien servís. Hacéis el ridículo».

Jesús, sin embargo, no buscaba la gloria de los hombres, sino la de Dios. Y nos mostró el verdadero sentido de la parábola cuando se apresuró a sentarse en el último puesto, clavado con tres clavos a una cruz entre dos ladrones y enterrado en un sepulcro prestado. Entonces su Padre le dijo: Amigo, sube más arriba. Y, resucitándolo, le dio el nombre que está sobre todo nombre.

Ojalá quieras quedar bien. No con los hombres, eso no vale para nada, sino con Dios. Busca el último puesto allá donde estés. Abrázate a Jesús crucificado.

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Guardaos de la tibieza

La letra sin rostro es confusa. Sucede con el whatsapp, si no puedes ver la cara de quien te escribe no acabas de captar el sentido. Los emoticonos lo arreglan un poco, pero no del todo.

Esfor­zaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.

Quienes imaginan el rostro airado del Maestro, como el de quien condena, se equivocan. Su rostro al decir esto es triste, como el de quien sufre.

Sufre al ver que muchos ansían el cielo, pero reniegan de la puerta estrecha. Quisieran entrar en el cielo sin esfuerzo, como el joven que no estudia porque le basta «un cinco raspado».

Guardaos de la tibieza. Hace sufrir al Señor. Y os cierra las puertas del cielo. Una piedad de mínimos, una fe sin obediencia, un cumplimiento que es «cumplo y miento».

Esfor­zaos en entrar por la puerta estrecha. Mira a la Cruz. Es la puerta estrecha. Y mira el esfuerzo con que el Señor te ha salvado. Ojalá te mueva el amor a unirte a Él. Pero, si no es el amor, que sea el sentido común: No puede ser tan difícil para Él y tan fácil para mí.

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La zarza ardiente y la muerte de la marquesa

Me contaron una vez, en tono de broma, cómo había sido la muerte de la marquesa. Al final de una vida perfectamente rica, frívola y superficial, ya en su lecho de muerte llamó a los criados y les dijo: «Ha estado todo muy bien». Después se murió. Fuese, y no hubo nada.

Hoy habla el Señor de fuego, en plena calorina de agosto: He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Y yo he recordado a la zarza ardiente que vio Moisés. Ardía sin consumirse. El profeta no sabía que estaba ante el Crucifijo. De Él brotan llamas como esas lenguas de fuego que se posaron sobre los apóstoles en Pentecostés. Es fuego de Amor de Dios, fuego de Amor a los hombres…

Está cumplido (Jn 19,30).  No es, precisamente, la muerte de una marquesa que agradece los servicios prestados. Es la muerte de quien sabe que ha venido al mundo a cumplir una misión, y exhala su último aliento como quien dice: «Misión cumplida».

Y es que hay dos tipos de personas: Los que creen que han venido al mundo a divertirse, y los que saben que tienen una misión que cumplir.

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Los que quieren ir al cielo

He leído «El loco de Dios en el fin del mundo», de Javier Cercas. Me encanta como escribe Cercas. Pero me da pena. Está convencido de que el cristianismo trata de la resurrección de la carne y la vida eterna. Y no trata de eso, aunque lo incluye. El cristianismo no es una vía para eludir la angustia de la muerte; quizá por eso algunos dicen que el cristianismo no es una religión. El cristianismo trata de Cristo, es un encuentro gozoso y una unión amorosa con Él. Cristo no es el vendedor de entradas para el cielo. Él es el cielo.

Si la Iglesia suprimiera el precepto dominical, me pregunto cuántos volverían a misa el domingo siguiente. Sólo quienes disfrutaran. Quienes dejaran de venir serían aquéllos que iban a misa para ir al cielo, y ahora les han bajado el precio.

Estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. No es la amenaza de un padre a su hijo: «No dejes de estudiar, que puedo entrar en tu habitación en cualquier momento». Significa: «Aprended a disfrutar de mi Amor, porque vendré a daros un abrazo y ¿cómo lo recibiréis si no me amáis?»

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Sinónimos de tonto

Imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe… Hay muchos más sinónimos de tonto, pero por escrito nunca digo palabrotas.

Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado? Que te llame tonto el cuñado tiene un pase, porque puede ser fruto de un enfado o puede que el tonto sea él. Pero que te llame necio Dios es terrible, yo que tú me lo haría mirar.

A ver… Desde niño sabes que vas a morir. Has visto morir gente a tu alrededor. Y no has tenido mejor ocurrencia que echarles la culpa: «Es que no hacía deporte; es que estaba muy gordo; es que no se cuidaba; es que vivía al límite»… ¡Eso! Encima de que han muerto, dales caña. Con tal de salvarte a ti, claro.

Porque tú no te vas a morir, ¿verdad? Acumulas bienes y haces tus cálculos como si fueras a vivir opíparamente doscientos años… ¡Y vas a morir esta noche!

Imbécil, bobo, estúpido, idiota, majadero, memo, mentecato, necio, corto, tardo, torpe…

Si fueras listo, éstos serían tus cálculos: «Puesto que puedo morir en cualquier momento, trataré de vivir siempre en gracia de Dios».

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Tres padrenuestros a san Antonio

Se me ha acercado una mujer con un desconcierto mayúsculo. Había perdido las gafas, y un sacerdote amigo mío le recomendó: «Rézale tres padrenuestros a san Antonio, y verás cómo aparecen». Pero a la pobre mujer le dio por pensar: «¿Y cómo voy a rezarle tres padrenuestros a san Antonio, si san Antonio no es mi padre?». Jajaja, me troncho. Le he respondido que rece tres padrenuestros a Dios ante la imagen del santo. Ya aparecieron las gafas.

A ver… el Padrenuestro se le reza a Dios. Aunque, en ocasiones, lo usemos como instrumento para conseguir cosas, como quien desliza una solicitud timbrada en un buzón de la administración celeste. Pero el Padrenuestro es mucho más.

Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre». El Padrenuestro te está revelando, en primer lugar, que Dios es tu Padre. Medítalo. Además, te está enseñando qué pedir y cómo hacerlo. Danos cada día nuestro pan cotidiano… Poco después, Jesús habla del amigo que pide pan y el hijo que pide un pez. ¿Entiendes que ese pan cotidiano es la Eucaristía, que se te está invitando a comulgar diariamente?

Yo te dejo aquí. Medita despacio la oración dominical. Que te la explique san Antonio.

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Mi casa es tu castillo

Marta y María son dos personas extraordinarias, de ésas que uno agradece haber conocido. Marta es una gorda maravillosa con bozo y mandil, y María es una mística.

No voy a entrar hoy en que si Marta o María, si la acción o la oración. Ya me aburren esas disquisiciones que separan lo que debe ir siempre unido. Yo quiero fijarme en el revuelo. El revuelo que se arma cada vez que Jesús entra en su casa.

Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios. La una escuchando, la otra friendo las gambas con gabardina, pero las dos pendientes del Señor.

Dicen los ingleses «My home is my castle», lo cual es una forma de expresar que en mi casa mando yo. Y cuando entra Jesús lo meto en la capilla y ya pasaré a rezarle un padrenuestro. Pero, en casa de estas hermanitas, cuando Jesús entraba era el Señor, el Amo de la casa. Y todo se ponía patas arriba para que Él estuviera bien.

Ojalá dejes entrar así a Cristo en tu vida. Ojalá tu casa sea su castillo.

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