El Dios que camina de noche

Por algún motivo que vale la pena meditar despacio, los grandes acontecimientos de la Historia de la salvación sucedieron de noche. Lo dice un himno litúrgico: «La noche no interrumpe tu historia con el hombre, la noche es tiempo de salvación. Abrahán contaba tribus de estrellas cada noche. De noche en un pesebre nacía tu Palabra. De noche esperaremos tu vuelta repentina»… Es muy noctámbulo Dios.

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar. Yo creo que el Señor se manifiesta de noche, no porque le gusten las tinieblas, sino porque nosotros vivimos a oscuras y Él nos quiere iluminar. Somos como aquellos apóstoles, nos cansamos de remar, porque queremos llegar al cielo y el cielo no lo vemos. Y porque, si ya es difícil remar sin ver el puerto, nos azotan los vientos de las pasiones, el mundo y las mil tentaciones que se levantan a nuestro paso.

Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Entonces Dios se hace carne, se introduce en nuestra noche y, caminando sobre el agua, nos apacigua. Se mete en nuestra barca y empezamos a cantar «Noche de paz».

(0901)

“Misterios de Navidad