Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

Cuaresma – Página 6 – Espiritualidad digital

El momento de la Verdad

Como el caminante mantiene su mirada en el Norte para no errar el camino, así nosotros, desde el comienzo de la Cuaresma, mantenemos la mirada en la Cruz. Hacia ella nos dirigimos, porque ella es la consumación de un Amor y la puerta de una Vida.

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga.

Y es que la Cruz es el momento de la Verdad; así, con mayúscula. Porque allí Cristo está desnudo y empobrecido. Las multitudes que lo siguieron buscando sus milagros, al pie del Calvario se retiraron y no volvieron. ¿Qué iba a hacer por ellos un Mesías ultrajado, al borde de la muerte? Sólo quienes amaban a Cristo por sí mismo, no por sus dones, llegaron, con Él, a lo alto del Gólgota.

El Crucifijo se alza sobre el Monte como un enorme interrogante: ¿Tú estás dispuesto a renunciar a los dones de Jesús y quedarte con el Cristo desnudo de la Cruz? ¿Estás dispuesto a perderlo todo salvo a Él?

Por eso ayunas y das limosna, para ir perdiendo. Por eso te entregas a la oración, para ir ganando. Aprende a amar.

(TCOJ)

¡Lo siento!

«¿Y por qué me voy a confesar yo? ¡Si no tengo pecados!»

Quien no tenga pecados no se acerque hoy a recibir la ceniza, no lo necesita. O quizás necesita, primero, examinarse mejor.

Porque el rito de la ceniza es la plasmación de un «lo siento».

Lo siento, Señor, porque te he fallado y te he ofendido. Lo siento, porque he hecho daño a mis hermanos. Lo siento, porque he defraudado a tu Amor.

No tendría sentido recibir la ceniza sobre la cabeza si el corazón no está encogido por la contrición y abrumado por el arrepentimiento.

A lo largo de los próximos cuarenta días, expresaremos ese arrepentimiento a través del ayuno, quitándonos un poco a cambio de lo mucho que nos dimos; a través de la oración, acercándonos a Aquél de quien, por el pecado, nos alejamos; a través de la limosna, devolviendo a los demás una parte de lo mucho que les quitamos.

Y entonces la Cuaresma será un tiempo de verdadera renovación interior, una purificación del corazón a través de esa muerte que da paso a una vida, un abrazo al Crucificado que nos bañará en su sangre para que amanezcamos, limpios y resucitados, a la Pascua.

(TC0X)

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