Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

20 diciembre, 2025 – Espiritualidad digital

La épica del silencio

¿Qué esperaban los judíos del Mesías?

Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable, sobre una tierra condenada al exterminio; empuñaba la espada afilada de tu decreto irrevocable, se detuvo y todo lo llenó de muerte (Sab 18, 14-16).

Eso esperaban: Un guerrero, un rey armado hasta los dientes que sembraría muerte y cataclismos hasta la victoria final. Pero no entendían que aquella guerra no se libraba con espadas de acero, y que aquella muerte sería la del propio Ungido. No entendieron la épica del silencio.

José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.

Por eso no lo reconocieron: porque llamó suavemente a puertas pequeñas, como María y José, y esas puertas se abrieron sin hacer ruido sobre los goznes de la obediencia.

No busques la Navidad en el ruido. Escucha la llamada silenciosa, confiesa tus pecados, ora, abre las puertas del corazón a María y a José. Entra en la épica del silencio, y deja el ruido para los del matasuegras.

(TAA04)

“Misterios de Navidad

Una mujer de rodillas

Una mujer de rodillas no es un militar en primer tiempo de saludo.

El militar recibe una orden. Se cuadra ante su superior y, a partir de ese momento, la misión queda en sus manos. Cuando esté cumplida, en primer tiempo de saludo dirá a su superior: «¡Sin novedad!».

El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret. Llamamos a esta escena «anunciación». Y hay motivo para ello. Dios no está dando una orden a la Virgen; le está anunciando su plan de salvación. Será la Trinidad misma quien lo lleve a cabo. El Padre enviará al Espíritu a las entrañas de María, y el Espíritu dejará allí al Hijo encarnado. Después, ese Hijo redimirá la tierra y rescatará al hombre sepultado en el pecado y la muerte.

A la Virgen se le pide permiso. Sin ese permiso no habrá redención. Por eso no se cuadra como el soldado, sino que se postra enamorada: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Treinta y tres años más tarde, será el Hijo quien diga al Padre: Está cumplido (Jn 19, 30).

¿Te atreverás a decirle a Dios: «Haz lo que quieras conmigo»?

(2012)

“Misterios de Navidad

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