Para entender a san Pablo
La traducción moderna del himno a la caridad de san Pablo, ese himno que tanto gusta escuchar a las novias en sus bodas, es fuente de muchísimos malentendidos. Si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría (1Co 13, 3). Hombre, quien entrega su cuerpo a las llamas algo de amor tiene; aunque, en el peor de los casos, fuera amor a sí mismo. Pero san Pablo no dice eso. San Pablo habla de «ágape», en latín «caritas». No se trata de cualquier amor.
¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
He aquí el germen de ese himno a la caridad. Si pasamos por alto el amor de Dios, de nada sirven las obras de la ley. Si no amamos al prójimo con ese mismo amor que mana del costado de Cristo, somos unos infelices, ay de nosotros.
Pero si centramos la mirada en el Crucifijo, si dejamos que ese amor de Dios nos inunde y nos vivifique con su gracia, nuestras obras serán obras de santidad, obras de Cristo.
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