Don Eugenio y el lobo

Eugenio Romero Pose se fue al cielo hace unos cuantos años. Era obispo auxiliar de Madrid, y un hombre de verdadera vida interior. En cierta ocasión, durante las navidades, entró en una de las oficinas del Arzobispado justo en el momento en el que el jefe del departamento había cogido un enfado considerable y estaba abroncando a todo bípedo implume que respirase cerca de él. Don Eugenio tomó por el brazo al jefe, lo llevó hasta el Belén del departamento, le señaló al Niño Dios y le dijo: «Él tomó de lo nuestro para darnos de lo suyo». Y aquel hombre quedó en silencio ante el Belén, apaciguado y recogido. Fue lo más parecido al episodio de san Francisco con el lobo.

A cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios. De su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. ¡Cómo no apaciguarse ante este misterio! Nosotros queriendo ser grandes a fuerza de auparnos, y Él haciéndose pequeño y agachándose para darnos su grandeza, la de los hijos de Dios.

No quieras auparte, no quieras ser más que nadie. Agáchate, póstrate, y deja que Él te levante a esa grandeza pacífica y suave de la condición divina.

(TNA02)

“Misterios de Navidad