¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto.
Cuesta entenderlo, porque cuando amas quieres ver al ser amado. Sin embargo, lo que ven los ojos siempre acaba desapareciendo de la vista. Ahora me ves, ahora no me ves. Te tengo delante, pero te tienes que marchar. Te veo cada mañana, hasta que mueres y dejo de verte, y mis ojos ya no encuentran consuelo. Así de consolador, así de triste.
Jesús se dejó ver durante tres años por sus discípulos. Y, después de resucitar, durante tres minutos por María Magdalena. Luego desapareció de la vista y lo ocultó una nube. Ahora me ves, ahora no me ves.
Bienaventurados los que crean sin haber visto. Creer es ver con el alma lo que se oculta a los ojos. Es gritar por dentro: ¡Señor mío y Dios mío!, mientras el sacerdote alza la sagrada Hostia.
Lo que crees no se marcha, permanece siempre. Puedes contemplarlo sin descanso. Por eso dice san Pablo: No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno (2Co 4, 18).
(0307)


















