Y ¿qué es de Dios?

Me pregunto si aquellos fariseos entendieron la respuesta lapidaria de Jesús.

Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

Está claro que la dichosa monedita tenía grabada la imagen del César. Bien, pues que se la devuelvan. Pero ¿qué es de Dios?

¿Qué tengo que darle a Dios? O ¿qué tengo que devolverle, si acaso poseo algo que sea suyo?

¿Por qué tengo que ir a Misa el domingo? ¿Por qué tengo que guardar castidad en el noviazgo? ¿Por qué tengo que estar abierto a la vida en el matrimonio? ¿Por qué tengo que rezar?

Porque no te perteneces; tú eres de Dios. Porque eres pobre, y todo lo recibiste de Él. Porque el Bautismo te marcó con el sello de Cristo, como están marcadas las ovejas con el sello del pastor. Le perteneces.

Pero, en este mundo, la pertenencia es riqueza del amo. Dios, sin embargo, ya es rico sin ti. Le perteneces porque te ama, y su Amor te libera. Todo lo que le entregas te lo devuelve transfigurado.

Dar a Dios lo que es de Dios es entregarle tu vida sin reservas. Y gozar de su Amor sin límites.

(TOA29)