Simón Pedro y Judas Iscariote
Tras haber meditado ayer, viernes, la Pasión del Señor, hoy entendemos que las palabras que nos trae el evangelio fueron pronunciadas como profecía y advertencia para dos de sus apóstoles: Simón y Judas Iscariote.
Si uno me niega ante los hombres, será negado ante los ángeles de Dios. Todo el que diga una palabra contra el Hijo del hombre podrá ser perdonado, pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará.
Simón negó al Hijo de Dios ante los hombres, pero sería perdonado porque no blasfemó contra el Espíritu. Al contrario, a pesar de su pecado, mantuvo viva la llama que el Espíritu había encendido en su alma, no renegó del Amor con que amaba a Jesús y por tres veces lo confesó humillado y contrito. Por eso alcanzó el perdón.
Judas, sin embargo, renegó del Espíritu. Quizá su traición comenzó secretamente entonces, cuando dejó de amar a Cristo, y se fraguó en la oscuridad de un corazón lleno de tinieblas. Por eso, tras su pecado, tomó el camino de la muerte y se ahorcó.
Por grandes que sean nuestras culpas, no dejemos de amar al Señor, acudamos al sacramento de la Penitencia, y siempre seremos perdonados.
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