Yo sí me quiero salvar

¿Quién se alegrará de la venida del Salvador, sino aquél que se sabe perdido? En 1983, Víctor Manuel llenó las emisoras de radio con una canción que «rezaba»: «Déjame en paz, que no me quiero salvar». A alguien que profiere semejante grito le dices que viene el Salvador y, en lugar de alegrarlo, le provocas un infarto de miocardio.

He ahí la misión de Juan Bautista: abrir los ojos de quienes están perdidos para que reconozcan que necesitan ser salvados. Él los bautizaba en el río Jordán, y confesaban sus pecados. Quien confiesa sus pecados demuestra gran sabiduría. Porque aquel Víctor Manuel de 1983 estaba feliz con sus culpas y no quería que nadie le librase de ellas… Otros creen poder salvarse a sí mismos, y piensan que no necesitan confesar sus pecados a nadie. Pero quien confiesa sus pecados es como quien expone sus dolores al médico: lo hace porque sabe que necesita ayuda. A alguien así, le dices que viene su salvador, y le alegras la vida.

Haz como el Bautista. Si quieres se apóstol del Adviento, sé apóstol de la confesión. Acerca a tus amigos al confesonario, y así le prepararás al Señor un pueblo bien dispuesto.

(TABO2)

“Evangelio