¡Ya se le ve venir!

Ya pedimos hoy, en la oración Colecta, «esperar con alegría la gloria del nacimiento de tu Hijo». Por primera vez, Belén aparece, claro y nítido, en el horizonte. ¡Cuánta ilusión!

Preparémosle el camino con santa prisa. Porque, cuando se nos anuncie el nacimiento del Hijo de Dios en la Eucaristía, o cuando contemplemos, extasiados, un Belén, se encenderá dentro de nuestras almas la luz de Dios.

Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Así aparecerá el Señor: vendrá como pastor que apacienta el rebaño y lo congrega en torno a Él. La familia se agrupará alrededor del Belén, y la Iglesia rodeará los altares donde, recostado en una patena que es como un pesebre, se entregará a los hombres el Pan de vida.

Cuando Él aparezca, sabrás que quiere reunir a todas sus ovejas, a toda la Humanidad, en torno a Él. Y le traerás, aunque sea a través de tu oración, a tus hijos, a tus nietos, a tus amigos… ¡a todas las almas del mundo!

¡Date prisa! ¡Revístete de Cristo, que el propio Cristo ya se acerca!

(TA02M)

“Evangelio