…Y la trampa saducea

¡Menuda historia, la de la pobre mujer del cuentecillo de los saduceos! Yo la incluiría en el catálogo de las mártires, ya que en otros catálogos tiene más difícil encaje. Primero Alfeo, después Zaqueo, después Mateo, después Tadeo… y así, hasta ver pasar a los siete hermanitos. Porque los siete han estado casados con ella.

Y cuando, finalmente, sale la buena mujer de este mundo, va y se encuentra a los siete haciendo cola para ver quién comparte con ella el Paraíso. ¡Cómo para volverse a la tierra, donde, al menos, ya no estaban los hermanitos!

Mejor que emprender el camino de vuelta a este mundo cruel, el verdadero deseo de la mujer será pertenecerle por entero a Dios y gozar la eternidad en sus brazos. Pues cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio. Entonces, Dios lo será todo en todos, y todos seremos suyos.

Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Y el Dios tuyo, y el mío. Porque el Espíritu Santo, que es vida eterna en nuestras almas, nos «secuestra» para Él, y esa consagración nos hace pregustar el cielo ya en la tierra.

(TOI09X)