¿Y el que te perdona una multa?

¿Alguna vez te han dado un vaso de agua por ser cristiano? El agua bendita no vale.

El que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. Yo lo tengo más fácil. El alzacuellos me ha atraído, por la calle, insultos y blasfemias, pero también muchas atenciones inmerecidas. Un guardia civil que me paró para multarme, cuando vio mi alzacuellos, me dijo: «Padre, tengo dos opciones: Si no le pongo la multa, voy a la cárcel y, si se la pongo, voy al infierno. Mejor márchese usted y no vuelva a pisar la línea continua». Es como cuando yo digo, en el confesonario: «Ve y no peques más».

Lo grande de estos gestos es que los protagonizan personas que no me conocen. Pero aman a Dios y, al ver al sacerdote, piensan: «Éste es de Dios». Por eso lo tratan bien. Lo mismo harías tú con el hijo de un amigo. Aunque apenas lo conozcas, te basta saber que es hijo de tu amigo para agasajarlo.

Empieza por tu propia alma. Es imagen de tu Dios. Dale agua cogida del costado de Cristo. Frecuenta los sacramentos.

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