Vuestro sacerdocio

Cuando, tras recibir el agua bautismal, un niño es ungido con el santo crisma, se proclama que queda consagrado como «miembro de Cristo sacerdote, profeta y rey». ¡Ahí es nada!

No sé si los seglares sois conscientes del tesoro del sacerdocio común de los fieles. Aunque distinto del sacerdocio ministerial, que consagra al varón y lo une inseparablemente a Cristo cabeza y esposo, ese sacerdocio os convierte en otros Cristos, y une vuestra ofrenda a la del Sumo y Eterno sacerdote. Todos vosotros, hombres y mujeres, sois verdaderos sacerdotes si vivís en gracia, y ejercéis vuestro sacerdocio desde el primer momento del día, cuando hacéis el ofrecimiento de obras. Es la vida de Cristo la que estáis presentando al Padre.

Cuenta Jesús cómo David entró en la casa de Dios, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él. Mucho más vosotros, al comer el Pan de vida, os incorporáis al sacerdocio de Cristo, quedáis ofrecidos con Él, y queda cumplido lo que el presbítero suplica en la Plegaria: «Que él nos transforme en ofrenda permanente».

Sois más que David. Sois sacerdotes, como Cristo.

(TOP01M)

“Evangelio 2022