Vuelto hacia Dios

La santa Misa celebrada «cara al pueblo» ha facilitado a muchos fieles la tarea de sumergirse en el misterio. El hecho ver el rostro del sacerdote, y de entablar, cara a cara, un diálogo sagrado con quien representa a Cristo, les ha ayudado a sentirse parte de la celebración. Sin embargo, hasta hace poco, el sacerdote celebraba la misa de espaldas al pueblo.

Dicho así, «de espaldas al pueblo», parece desprecio. Pero no lo era. Ni tampoco se decía así. Se decía «cara a Dios». Y tenía, también, mucho sentido. Porque el sacerdote es el hombre que está vuelto hacia Dios, ofreciendo sacrificios por el pueblo.

Adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba. Estamos en el comienzo de la única Misa, renovada cada día en nuestros altares. Cristo mira, con lágrimas, al Padre. Tras él, los tres apóstoles predilectos. Tras ellos, los otros ocho. Y, tras ellos, nosotros. El Sacerdote está «vuelto hacia Dios». No da la espalda al pueblo, aunque lo parezca, porque lleva los dolores del pueblo en sus lágrimas.

Pídele a Dios que los sacerdotes vivamos así: vueltos hacia Dios, orando por vosotros y entregando por vosotros la vida de Cristo, que es la nuestra.

(XTOSESA)