Virtudes pequeñas para almas pequeñas

Si me preguntaras cuál es la virtud que más conviene cultivar en el Adviento, la respuesta fácil sería «la esperanza». Pero la esperanza es una virtud enorme, una virtud teologal que abre el horizonte de la vida terrena a la maravilla de los gozos celestiales. Pedirte que practiques la esperanza es como pedirte que amanezca: está fuera de tu alcance, es algo que viene de Dios. Sin embargo, puedo pedirte que abras la ventana, para que disfrutes del amanecer. No te aconsejaré que practiques la esperanza, sino que seas sencillo. Porque sólo quienes se saben pequeños esperan en Dios.

Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. El reino de Cristo es de los sencillos. No vendrá a ti porque hagas muchas cosas, ni porque te des mucha importancia, ni porque te quejes mucho de tus sufrimientos… Sino porque seas sencillo, te tengas en poco y te dejes consolar por Dios.

La virtud del Adviento es la sencillez. Sitúate ante Dios como un niño enfermo, y verás cómo te sonríe. Entonces sabrás que viene a socorrerte, te llenarás de esperanza, y serás luz para quienes te rodean.

(TA01M)