Vende lo que tienes

Es un error disculpable: cada vez que leemos el pasaje del «joven rico» pensamos en el dinero. El vende lo que tienes lo traducimos en términos crematísticos, y por era muy rico entendemos que tenía muchas cosas.

Pero nos equivocamos. Aunque el joven hubiera vendido la casa y el coche, no por eso habría estado preparado para seguir a Jesús.

Las riquezas de un hombre van más allá de sus bienes materiales: su tiempo, su salud, sus deseos, sus afanes y preocupaciones, su descanso, su capacidad de juzgar y de amar, sus simpatías y antipatías… ¡Somos multimillonarios!

El vende lo que tienes es para todos, no sólo para los adinerados. San Juan de la Cruz dice, de aquel pastor que encontró al Señor: «Ya no guardo ganado / ni tengo ya otro oficio / que ya sólo el amar es mi ejercicio».

En esto consiste el verdadero desprendimiento: Quien desea a Dios, y, además, desea algo distinto de Dios (por bueno y noble que sea), no puede ser santo.

Vende lo que tienes significa: Despréndete de todo cuanto no sea Dios: tu dinero, tu tiempo, tus juicios, tus simpatías y antipatías… Y hasta tus preocupaciones.

Y luego ven y sígueme.

(TOP08L)