Usted no tiene cara de santo

Le dije a una mujer que me escuchaba a través de la rejilla del confesonario: «Tienes que ser santa». Ella se plantó de pie frente a mí, y me dijo: «Míreme bien. ¿Usted me ha visto cara de santa?».

No sé cómo son las caras de los santos. El Cura de Ars era más feo que Picio, y santa Teresa del Niño Jesús era una hermosura. Supongo que las caras de los santos son caras de personas normales. Aunque a los santos les brillan los ojos.

También supongo que aquella mujer entendía la santidad como perfección moral. Puedes ser bueno, muy bueno… y santo. Pero la santidad es otra cosa. Es una aventura de amor, en la cual el alma queda cautivada por la hermosura de Cristo hasta pertenecerle por completo. No hay santos sin oración. Pero tampoco hay santos sin entrega.

Los santos están en el cielo. Canonizar a alguien en vida es tan estúpido como condenarlo. Mientras quede una brizna de aire que respirar sobre la tierra, puede el corazón humano cerrarse o abrirse al Amor. En la tierra vivimos los zoquetes que queremos ser santos. Y ojalá seas uno de ellos. Aunque no tengas «cara de santo».

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