Una respuesta sorprendente

Seguramente, esperaban de Jesús una respuesta muy distinta cuando le contaron la noticia: Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Suponían que Jesús reaccionaría como ellos; o como nosotros, cuando nos cuentan en televisión que un malvado está derramando sangre de inocentes: «¡Qué malo es Pilato! ¡Pobres galileos!». Después, un lacito en la solapa y un lema: «Todos somos galileos».

Pero Jesús siempre sorprende: Le hablas de un malvado y, en lugar de ensañarse con él, te responde que el malvado eres tú. Si no os convertís, todos pereceréis lo mismo.

Pensarían aquellos judíos: «¿Por qué me tengo que convertir yo? ¡Que se convierta Pilato, que es el verdugo! ¿Qué culpa tengo yo de sus crímenes?».

¿Me está diciendo el Señor que, ante la noticia de una guerra, no debo conformarme con ser espectador? ¿Ni con orar para que el malvado cese en su maldad? ¿Ni con compadecerme de las víctimas? ¿Me está diciendo que debo convertirme y hacer penitencia yo, para así cambiar el curso de la Historia?

Creo que Aquél que expió mis pecados en su cuerpo me está diciendo, exactamente, eso.

(TCC03)