Una misión que cumplir

Detrás del modelo social que llamamos «Estado de bienestar» se oculta toda una concepción de la vida: lo que importa es «estar bien». Una vida sin confort no merece ser vivida. Si la llegada de un niño va a romper tu bienestar, lo abortas. Si tu matrimonio te hace sentir mal, te divorcias. Y, si una enfermedad te impide disfrutar de la vida, te haces (o te hacen) «eutanasiar». El único propósito del hombre sobre la Tierra es «estar bien»… Hasta que te mueres, claro, y entonces ya no estás.

Se va a llamar Juan… ¿Qué será de este niño? Porque la mano del Señor estaba con él.

Zacarías e Isabel renunciaron a elegir el nombre de su hijo, porque Dios había elegido su nombre y su destino. Desde el seno materno, aquel niño tenía una misión que cumplir, y no era la de «estar bien». Al contrario: por cumplirla, sufriría hambre, persecución, prisión y muerte. Pero Juan era una flecha lanzada por Dios hacia el Cielo, y se clavó en la diana. Así nos enseñó que la vida no es para «estar bien» y después morirse, sino para cumplir la misión asignada por Dios y vivir eternamente con Él.

(2406)