Una joya

joven ricoAquel joven era excepcional:

Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?

A esa edad, precisamente, la vida temporal despliega todos sus falsos encantos, y es fácil que quienes apenas han comenzado a vivir queden seducidos por ellos. A los jóvenes, normalmente, les interesa su grupo de amigos, el chico o la chica de quien se han enamorado, su teléfono móvil, las series de televisión, la próxima fiesta, incluso el próximo examen del instituto. Pero ¿cuántos jóvenes hay preocupados por la vida eterna?

Cuando Jesús le enumera los mandamientos, desde el cuarto al octavo –sexto incluido–, responde: Todo eso lo he cumplido. Este chico era una joya.

Ser «una joya» ayuda a la hora de ser santo. Pero no basta.

«Vende tus bienes (…) y luego ven y sígueme».Al oír esto, el joven se fue triste, porque era muy rico.

Jesús había dejado fuera de la lista el primer mandamiento. Y allí es donde la «joya» hizo aguas. No es suficiente con tener asegurada la vida temporal, y desear también la eterna. Es preciso amar a Dios de tal manera que estemos dispuestos a entregárselo todo. Porque la vida eterna es, precisamente, ese amor.

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