Una historia que aún puede cambiar

El relato de la traición de Judas es sobrecogedor: Les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata.

Una vez más, lo fácil es sentarme a juzgar al traidor, mientras entono el «Pío, pío, que yo no he sido». Pero lo fácil no me ayudará a adentrarme en la Pasión de Cristo; allí no hay nada fácil.

Tengo que mirarme en Judas. Tengo que reconocerme a mí mismo en decisiones y pecados que hicieron exclamar, también por mí, al Señor: Más le valdría no haber nacido. Y es cierto, porque la vida, sin Cristo, no merece ser vivida. Y yo tomé decisiones que me alejaron de Él.

Tengo que saber cuáles fueron mis treinta monedas. Y, desde allí, desde la piel misma de Judas con que tantas veces me recubrí, quiero cambiar la historia. Quiero, en este día, a las puertas del Triduo Pascual, implorar la contrición que Judas no tuvo; quiero llorar las lágrimas que él no lloró, y, sobre todo, quiero acercarme a la Cruz en lugar de a la horca. Que también Judas murió colgado de un árbol. Del árbol equivocado.

Quiero ir contigo, Jesús.

(XSTO)