Un terrible crimen, y un tremendo error

Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése lo recibiréis (Jn 5, 43).

Son palabras del Señor en el evangelio de san Juan, que parecen pronunciadas para explicar la parábola que hoy nos trae el evangelio de san Mateo: Por último, les mandó a su hijo (…). Pero los labradores (…) lo sacaron fuera de la viña y lo mataron.

Lo mismo había sucedido antes con los profetas, y lo mismo ha sucedido después con los mártires.

No hablo de un crimen que nos sea ajeno. Nuestra única posibilidad de salvarnos consiste en amar a ese Hijo de Dios y unirnos a Él en el cumplimiento de la voluntad del Padre. Pero, para conocer la voluntad de Dios sobre nosotros, necesitamos a esos mensajeros que nos digan lo que en concreto quiere Dios de cada uno.

Por eso, obedeced a quien os habla en nombre de Dios. Someteos a un director espiritual; elegidlo vosotros, pero, una vez elegido, obedecedlo cuando os indique el camino del cielo. No cometáis también vosotros el error de sacar fuera a quien viene a vosotros enviado por el Propietario de la viña.

(TOA27)

“Evangelio