Un pipiolo enamorado

Me cuentas que ese amigo tuyo, hasta ayer ateo, asistió, por fin, a un retiro de fin de semana y le ha cambiado la vida. Hoy parece que le brillase la cara. Quieres llevarlo a varios grupos de jóvenes para que dé testimonio, y así atraiga a más almas al Señor. Y yo me alegro contigo de tan buena noticia, y doy gracias a Dios por ese cambio. Pero debo recordarte que tu amigo aún no sabe nada sobre la fe de la Iglesia, y que una cosa es convertirse y otra santificarse. No lo vayas a canonizar antes de tiempo, y no vayas a convertir en maestro a quien aún ni siquiera sabe recitar los mandamientos de la Ley de Dios.

Tu amigo ha visto una luz, como Pablo. Pero ahora, como Pablo, necesita a un Ananías que lo eduque. Después podrá él ayudar a otros.

El que crea y sea bautizado se salvará. ¿Sabes cuánto tiempo transcurría desde que el prosélito creía hasta que era bautizado? Años; años de escondimiento, formación, fidelidad y lucha ascética. Por tanto… paciencia y trabajo. Enamorarse es muy bonito; conocer al Amado y entregarle la vida es distinto: es maravilloso, pero lleva tiempo.

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“Evangelio 2022