Un ídolo llamado «Paramí»

En la relación entre el hombre y Dios, existe una regla básica: Cuando el hombre le hace trampas a Dios en el juego, Dios no levanta la voz. El problema llega al final de la partida, cuando el hombre descubre que se hizo trampas a sí mismo.

«Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas». Pero él os dirá: «No sé de dónde sois». En un momento dado, percibes que Dios te pide lo que tú no le quieres dar, o que hay algo en tu vida que le desagrada. Pero te dices: «A mí Dios no me pide eso. Y, en cuanto a eso que la Iglesia llama “pecado”, para mí no lo es. Así que seguiré rezando, yendo a misa y comulgando. Y, cuando confiese, no confesaré “eso”, porque, para mí, no es malo».

A partir de entonces, ¿a qué Dios estás rezando? No al Dios verdadero, que te pide lo que no quieres darle, sino a un ídolo fabricado a imagen de tus apetencias. No te extrañe si, cuando llegues a la presencia del verdadero Dios, te dice: «No te conozco, no sé de dónde eres, no era a Mí a quien rezabas».

(TOI30X)