Un hombre de fiar

En el libro «Dios existe, yo me lo encontré», André Frossard cuenta cómo fue educado en el ateísmo. Su único contacto con la religiosidad lo tuvo a través de su abuelo, un judío que era, además, el alcalde. De vez en cuando, el Ayuntamiento amanecía decorado con pintadas: «Reza menos y no robes».

Si te dicen de alguien que reza, y sabes que roba, ¿te mueve su ejemplo a creer? Sin llegar a extremos: si te dicen de alguien que es piadoso, y lo ves desaseado, su casa desordenada, impuntual en las citas, chapucero en su trabajo… ¿podrá esa persona arrastrarte a la fe?

Decían: «Todo lo ha hecho bien». He ahí la grandeza de Jesús: su humanidad misma movía a la fe, porque le hacía creíble. Imagínalo trabajando en el taller con mimo y cuidado de los detalles; imagina lo agradable que sería hablar con Él, por el tono de su conversación; imagina aquella delicadeza con los panes que sobraron, para que nada se perdiese…

Tú, que estás llamado a ser apóstol, debes ser persona «de fiar». Además de piadoso, sé atento, limpio, puntual, ordenado, veraz… Y así, quienes te escuchen se sentirán más movidos a fiarse de ti.

(TOB23)