Un empate preocupante

La parábola de las diez vírgenes no divide a los hombres entre justos y pecadores. Las diez vírgenes se duermen, y caen en el pecado capital de la pereza. La diferencia que provoca que unas vean perdonada su falta y otras no radica en que cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. La parábola trata, por tanto, de listos y tontos, no de buenos y malos.

Asusta la proporción: cinco a cinco. Empate. De cada diez pecadores, cinco son tontos. Pienso ahora en los lectores de estas líneas, y en quien las escribe. Probablemente, somos todos pecadores. Pero… ¿en qué cincuenta por ciento nos contamos?

Espero que la meditación de la Palabra nos haga contarnos entre los listos. Pero no basta. Además, debemos ser buenos. Y buenas hubieran sido las vírgenes prudentes si, en lugar de negar el aceite a las necias cuando ya no había remedio, les hubieran advertido antes de que cayera la noche y les hubieran aconsejado que tomaran alcuzas junto con las lámparas.

No te conformes con ser listo. Sé bueno, sé apóstol. Aunque seas apóstol entre los tontos, harás una labor maravillosa si, por tus advertencias, llegan a ser tan listos como tú.

(TOA32)