Un Dios muy familiar

Lo escuché decir una vez, no recuerdo a quién. Me pareció una afirmación arriesgada, pero muy sugerente. No somos monoteístas. El monoteísmo (esto va de mi cosecha) es triste. Un solo Dios, así, a secas, es un Dios solo. Y es, también, un Dios lejano, que habita en lo alto del cielo y a quien el hombre, apenas de puntillas y estirando los brazos sobre un monte, puede soñar con acercarse. ¿Cómo sabrás que te escucha? Por otro lado, si Dios reúne todas las perfecciones, y Él mismo afirma que no es bueno que el hombre esté solo, ¿no será perfección un Dios-compañía?

Tampoco somos politeístas. La fe cristiana es trinitaria. Un solo Dios verdadero, pero tres personas distintas que dialogan, se aman y se conocen con divina perfección.

Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará. ¡Delicioso! Ese diálogo fecundo entre las tres personas divinas resplandece, se expande y se comunica al hombre en la entrega del Verbo y la efusión del Espíritu. Un Dios-familia nos ha hecho familia de Dios.

(SSTRC)