Un cruce de miradas

Si hubiera que filmar la escena, yo emplearía dos cámaras: una en el suelo, como en el suelo estaba la mujer, mirando hacia Jesús. La otra la pondría en alto, a la altura de los ojos del Señor, mirando hacia la mujer.

Los acusadores se han marchado. Y la mujer mira al Maestro. Ha pecado, y siente vergüenza; sabe que la humillación a la que ha sido sometida es justo castigo de sus culpas. Pero en el rostro de Cristo no ve acusación, sino ternura. ¿Cómo puede mirarme así, después de lo que he hecho? En esos ojos no hay sólo compasión, hay cariño. Conoce mi pecado, y me ama… ¿Es posible? ¿Puede Dios amarme tanto después de haberle traicionado?

Los ojos de Jesús miran desde lo alto de una cruz. Tu pecado me está taladrando el corazón, pero te amo. No te condeno, sino que soy condenado por ti, porque quiero que vivas. Recibe mi sangre, déjate limpiar, y volverás virgen a casa. Anda, y en adelante no peques más.

¿Qué fue de esta mujer? Quienes sobreviven a un accidente dicen que han nacido de nuevo. Para seguir haciendo lo mismo. Esta mujer nació de nuevo, pero de verdad.

(TCC05)